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viernes, 19 de junio de 2020

¿Estamos en la era del Antropoceno?


Hace dos décadas se publicó el texto El Antropoceno de Paul J. Crutzen y Eugene F. Stoermer (2000), donde la humanidad es advertida como una enorme fuerza geológica, cuyas acciones han transformado la superficie terrestre y lo continuarán haciendo por milenios e, incluso, millones de años. Refieren, entre otros aspectos, la expansión de la humanidad, el crecimiento urbano, el agotamiento de los combustibles fósiles, la transformación de ecosistemas y la extinción de diversas especies como resultados negativos de las actividades humanas en la tierra y en la atmosfera.


La aceptación oficial del Antropoceno como una época geológica en la historia terrestre se produjo en el año 2016, en el marco del 35 Congreso Internacional de Geología. Pasó a ser considerado paralelo al Pleistoceno y al Holoceno, y dentro del período Cuaternario. Se estableció su inicio alrededor de 1950, teniendo entre sus principales factores las pruebas de bombas nucleares, la industrialización de la agricultura, el cambio climático y la proliferación del plástico (García Acosta, 2017). Los científicos que apoyan este concepto afirman que la humanidad, con el desarrollo tecnológico que ha acompañado a su historia reciente, es el agente geológico dominante, es decir, los seres humanos como fuerza geológica de cambio a escala global.


No obstante, se trata de una noción que, aun cuando plantea cierta pertinencia para explicar los profundos cambios y problemas ecológicos contemporáneos, carece de análisis y cuestionamientos en torno a las causalidades estructurales de dichas transformaciones. Parece que sus seguidores se han quedado en un marco descriptivo, una categoría utilizada para nombrar una evidente realidad cambiante, pero sin apostar por reflexiones que permitan explicar y proponer soluciones frente a los impactos negativos de los seres humanos sobre el resto de la naturaleza.


Se plantea en términos de un efecto no deseado sobre el entorno natural, que parece estar progresivamente fuera de control. Entonces, esta época geológica se aprehende con un producto de la suerte y la inconciencia. Sin embargo, sería más preciso entender la destrucción ambiental y, en general, los problemas ecológicos contemporáneos como resultado de los procesos explotadores, expansivos, dominadores y privatizadores del capitalismo.


Retomando la ecología política de los desastres de Anthony Oliver-Smith (1999), es necesario documentar y estudiar la expoliación capitalista y sus consecuencias ecológicas concretas, lo cual permite comprender un modelo de desarrollo particular, instaurado en un contexto determinado con condiciones sociales específicas. Para este autor, las decisiones orientadas a mejorar el crecimiento económico generan procesos que tienen consecuencias ecológicas potencialmente desastrosas; donde, además, una gran parte de la población se vuelve más vulnerable debido a relaciones económicas desiguales, que no les permiten tener acceso a recursos básicos como alimentos y vivienda. 


En este sentido, surge la necesidad de discutir el carácter pretendidamente global del Antropoceno, pues es evidente las contradicciones que tal afirmación encierra al hablar de Latinoamérica y sus escenarios regionales. La aplicación de este término no advierte las diferencias entre los denominados países “desarrollados” y “en vías de desarrollo” al hablar de las crisis ecológicas. Todos aparecen igualmente “culpables” en tanto humanidad, sin advertir las diversas y complejas relaciones que se han establecido con la naturaleza, las formas de explotación y la desigualdad social y económica existente entre y al interior de estos países.


Tal como señala la antropóloga colombiana Astrid Ulloa (2017), en el caso de Latinoamérica, la discusión sobre el Antropoceno se debe producir de manera diferente con respecto a Europa y Estados Unidos, debido a que ese concepto refiere un problema global que amerita respuestas globales, que desconocen las relaciones de poder y las desigualdades históricas (incluidas apropiaciones y despojos territoriales) que han causado transformaciones ambientales en Latinoamérica. 


De allí que, resulta cada vez más imperativo involucrar en las investigaciones, no sólo los conocimientos de las ciencias físicas y naturales, además, las perspectivas humana, social y cultural. Comprender las condiciones de vulnerabilidad de las sociedades contemporáneas requiere una combinación de un marco ecológico y una estrategia analítica que pueda englobar la interacciones con el entorno natural y los efectos de los patrones de producción y “desarrollo”, así como la heterogeneidad y complejidad que caracterizan a los diversos contextos actuales.


Referencias


Crutzen, Paul J. y Eugene. F. Stoermer. (2015) O Antropoceno. Piseagrama, Belo Horizonte. Disponible en: <https://piseagrama.org/o-antropoceno>


García Acosta, Virginia (2017) “Presentación: La incursión del Antropoceno en el sur del planeta”, en Desacatos, núm. 54, pp. 8- 15.


Oliver-Smith, Anthony (1999) “What is a Disaster? Anthropological Perspectives on a Persistent Question”, en Anthony Oliver-Smith y S. Hoffman (coords.), The Angry Earth: Disaster en Anthropological Perspective.  Routledge, Nueva York, pp. 18-34.


Ulloa, Astrid (2017) “Dinámicas ambientales y extractivas en el siglo XXI: ¿es la época del Antropoceno o del Capitaloceno en Latinoamérica?”, en Desacatos, núm. 54, pp. 58-73.

 


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