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viernes, 1 de mayo de 2020

Ante el GIGANTESCO DESASTRE

Por Raymundo Padilla Lozoya*

En el contexto actual, algunas personas consideran que solamente los epidemiólogos están facultados para opinar del gigantesco desastre en que se encuentra la humanidad. Sin embargo, desde hace décadas, la denominada “antropología de desastres” ha demostrado que resultan ser, de enorme importancia, las propuestas del enfoque antropológico, sobre todo, cuando se trata de fortalecer la respuesta social positiva para mitigar los impactos de la amenaza. Además de la reflexividad conceptual, tan característica en la antropología.
Entre muchos otros temas, la antropología se interesa por el análisis de los discursos. Así, por ejemplo, existen distintas denominaciones que podrían utilizarse para caracterizar este acontecimiento actual, entre ellas hecatombre, catástrofe, calamidad, tragedia y desastre. Sin embargo, las autoridades han optado, en su mayoría, por utilizar eufemismos como emergencia sanitaria, cuarentena, etapa crítica y crisis, o simplemente omiten caracterizarlo. Esa omisión será ¿deliberada o inocente?
Propongo nombrarlo con todas sus letras y en mayúsculas GIGANTESCO DESASTRE. Entiendo que es sumamente complejo caracterizarlo, porque incluye diversas variables. La literatura antropológica y la interdisciplinaria, especializada en desastres, han propuesto múltiples formas de caracterizar un desastre. Por ejemplo, con ecuaciones matemáticas, como: D=AxV/C donde Desastre es igual a Amenaza por Vulnerabilidad entre las Capacidades.
Le Choléra, fragmento de la portada de Le Petit Journal, 1 de diciembre de 1912.

La ONU, muchas veces limitada o muy esencial en sus conceptualizaciones, recientemente caracteriza a los desastres como Intensivos o Extensivos. Desastre extensivo cuando ocurren menos de 25 muertes y menos de 300 viviendas son destruidas en un municipio o equivalente. Y Desastre intensivo cuando mueren más de 26 individuos y más de 300 viviendas son destruidas en un municipio o equivalente (UNISDR, 2013: 5).
Entre la academia existe un sinnúmero de definiciones de desastre. Casi cada investigador, grupo, institución, disciplina o enfoque, se adhiere a una caracterización. Y es común que cada uno defienda y critique y debata a los otros, sin llegar a ningún consenso posible.
Existen formas más integrales de caracterizar al desastre. Para la antropología el desastre es la materialización de un largo proceso en el que convergen diversas causas multifactoriales, multidimensionales, distintas escalas, períodos de tensión y distención en las dinámicas sociales, económicas y políticas, que, en conjunto, son factores que desencadenan en el escenario de destrucción y muerte que se denomina desastre. Se entiende, de manera general, que todo desastre incluye variables imprescindibles, como el riesgo, que es la antesala de todo desastre. No existe nunca el riesgo cero, pero se puede vivir por siglos sin un desastre, si se maneja el riesgo de alguna manera que se limite su potencialización trágica. El riesgo se compone de la presencia de algún tipo de Amenaza y una sociedad Vulnerable. No existe jamás una amenaza sin sociedad vulnerable y viceversa. Y toda sociedad es vulnerable una función de las diversas capacidades que la caracterizan, ya sean preparativas o preventivas. Pero toda sociedad, sin prevención, es más o menos, vulnerable, ante cualquier amenaza que supere cierto umbral, notable cuando inician los daños o afectaciones.
Por lo anterior, el escenario actual es muy interesante por distintos factores. Es un GIGANTESCO DESASTRE porque el mapa de contagios muestra que la amenaza natural (el COVID19) encontró una sociedad globalmente vulnerable ante su dinámica microbiológica y nociva para la salud de millones de humanos. TODOS los humanos somos, globalmente, vulnerables ante el COVID19. En parte porque las dinámicas sociales le permiten desplazarse rapidísimo, pero también porque este virus puede magnificar alguna condición de salud deficiente o una enfermedad, conduciendo a situaciones de síntomas leves, moderados, severos o la muerte. Pero también somos vulnerables porque las principales acciones de la respuesta, es decir, el aislamiento, la cuarentena y la reducción de la producción masiva, han generado una de las peores crisis económicas globales. Así, ricos o pobres, pero todos, hemos sido afectados, ya sea en la salud o en la condición económica, o en ambas.
https://coronavirus.jhu.edu/map.html (Consultado el 1 de mayo de 2020).

Este GIGANTESCO DESASTRE tiene múltiples escalas, puede ser “pequeño desastre” para una familia que pierde a un integrante. Por la irreparable pérdida, pero también porque ese integrante puede ser el pilar fundamental de la economía de ese hogar. Puede ser un “mediano desastre”, cuando se afecta a un grupo social, y aunque mueren algunos y se afecta la economía, se cuenta con condiciones para resarcir los daños materiales y se le da continuidad, en lugar de desaparecer como comunidad. Puede ser un “gran desastre”, cuando se impactan las capacidades institucionales, se pierden vidas y se producen costos que representan una gran desestabilidad del sistema económico. Así, el GIGANTESCO DESASTRE que estamos padeciendo, colapsó economías como un efecto dominó, cobra cientos de vidas humanas cada día, e incluso, supera las capacidades tecnológicas de cuantificar “con exactitud” las pérdidas humanas, y además, son incuantificables “con exactitud” los daños económicos. Pero, además, ha afectado la condición aparentemente segura que gozaban muchos afortunados humanos. Hasta quienes tenían mayor certeza de su futuro, pasaron o pasarán en el futuro próximo a una condición riesgosa. Así se encuentran los principales líderes políticos, religiosos y magnates, paranoicos por su inseguridad ante el terrorismo, ahora pueden ser víctimas del COVID19. En esta condición, poco pueden hacer la fe o el dinero, cuando la sobrevivencia depende únicamente de tu aislamiento, medidas higiénicas, pero, sobre todo, de la fortaleza que construiste para tu propio cuerpo, ya de por sí, plagado de otros virus inofensivos y bacterias adaptadas, con quienes compartimos la breve vida que nos fue prestada.

* Periodista, historiador y antropólogo, especialista en riesgos y desastres, Universidad de Colima. Más publicaciones: https://ucol.academia.edu/Raypadillalozoya

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