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lunes, 30 de marzo de 2020

Los terremotos más significativos de México El sismo de San Sixto del 28 de marzo de 1787 (M 8.6)





Es bien conocido que en la costa de los estados de Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, se concentran los epicentros de la mayor parte de los terremotos de gran magnitud (8.2, por ejemplo) y otros más que seguramente han ocurrido a lo largo de su historia.  Y esto es debido a que la República Mexicana está integrada a una gran zona generadora de elevada sismicidad, causados por un proceso de subducción y conocida como la Fosa o Trinchera Mesoamericana  (Fig. 1).

Los investigadores García y Suárez, han compilado descripciones de los más importantes sismos históricos en México, en donde, un gran número de éstas relatan los daños en iglesias o construcciones importantes de la época colonial, considerándose como información que ha sido fundamental para identificar en qué regiones han ocurrido sismos y en qué casos ha sido posible estimar un tamaño o magnitud (Secretaría de Cultura, 2018).

En la figura 1, las líneas rojas indican los límites de las cinco placas tectónicas cuya interacción afecta a nuestro país. Las flechas rojas indican sus movimientos relativos. En color amarillo son las áreas de ruptura de los sismos de 1932 (M8.2), 1985 (M8.1) y 1995 (M8.0). Las estrellas amarillas indican los epicentros de los sismos del 7 de septiembre de 2017 (M8.2) y del 19 de septiembre de 2017 (M7.1) (V. Kostoglodov y J. Pacheco, 1999, Servicio Sismológico Nacional, 2018).




Fig. 1 Áreas de ruptura de los sismos de 1932 (M8.2), 1985 (M8.1) y 1995 (M8.0)

(Fuente: Secretaría de Cultura, 2018).




Sin embargo, hay evidencias sólidas de que en México han ocurrido sismos mucho más grandes que los que han vivido durante el último siglo. 

Antes de que se tuvieran instrumentos para medir la magnitud de los sismos en este país, se tiene el registro de un gran terremoto ocurrido en las costas de Oaxaca, el miércoles 28 de marzo de 1787, a las once de la mañana, llamado de San Sixto, en recuerdo al santo católico celebrado ese día. 

En particular y de acuerdo a las descripciones de este evento que se presentan en documentos históricos del siglo XVIII en la Nueva España hoy México, así como de estudios recientes en paleosismología, han llevado a determinar que se trató de un sismo, que se ha estimado con una magnitud de hasta de 8.6 y de una intensidad de IX. (Suárez y  Albini, 2009) (Fig. 2). 






Fig. 2. Distribución de la intensidad en la escala de Mercalli para el terremoto del 28 de marzo de 1787. La  T indica ubicaciones a lo largo de la zona de subducción donde se reportó un gran tsunami; son, de oeste a este, la costa de Ometepec, Pochutla y Tehuantepec. (Tomado de Suárez y  Albini, 2009)





Esta ruptura, provocó un tsunami que alcanzó más de seis kilómetros tierra adentro, que devastó todo a su paso cerca de Pochutla, hoy Puerto Ángel y se extendió aproximadamente a lo largo de los 450 km que tiene el litoral de dicho estado, al sur de la República Mexicana  (UNAM, 2019, Atienza, 2015; Sánchez y Farreras, 1993) (Fig. 3) 









 

Fig. 3. El rectángulo muestra el área estimada de la ruptura del terremoto del 28 de marzo de 1787. Los óvalos son áreas de ruptura de otros sismos históricos. Las estrellas indican eventos que ocurren dentro de la placa de cocos (Fuente: Suárez y Albini, 2009) 


De acuerdo al Tomo II de la Gazeta de México, el primer periódico impreso de la Nueva España y publicado el martes 11 de mayo de 1787 (Figuras 4 y 5), se describe la narración de Don Francisco Gutiérrez de Terán, alcalde mayor de Igualapan de los temblores ocurridos en su jurisdicción, el 28 de marzo, a las once del día cuando se sintió un espantoso movimiento que duró cerca de siete minutos...

El mar se vio correr en retirada y luego crecer y rebosar sobre el muelle, repitiéndose esto varias veces por espacio de veinticuatro horas, al mismo tiempo que la tierra se cernía con frecuentes terremotos.  Algunos costeños  pudieron salvar sus vidas encaramándose en los árboles hasta que se retiraron las aguas. 

Algunos pescadores, en la Barra de Alotengo, a las once horas de ese día vieron con asombro que el mar se retiraba, dejando descubiertas, en más de una legua de extensión (una legua equivalía aproximadamente a 4.18 km), tierras de diversos colores, peñascos y árboles submarinos y que retrocediendo luego con la velocidad con que había alejado, cubría con sus ondas los bosques de la playa, en que se internó más de dos leguas, dejando entre las ramas de los árboles muchos y variados peces muertos; algunos de los pescadores perecieron y otros pudieron salvarse muy estropeados”. 





Fig. 4. Recorte de la Gazeta de México (pág. 341) con la descripción de la duración del sismo del 28 de marzo de 1787 (Crédito: Hemeroteca de la UNAM) 




Fig. 5. Recorte de la Gazeta de México con la descripción del tsunami
del 28 de marzo de 1787 (Crédito: Hemeroteca de la UNAM) 


Este evento, dado sus características tectónicas presentó varias réplicas de menor magnitud después del sismo principal, donde causó daños de consideración en edificios e iglesias.

En algunos lugares de la costa de Oaxaca se observó un movimiento inusual del mar simultáneamente con un sonido amenazador asociado al mismo. Una gran cantidad de peces fueron arrojados a la playa, tal como quedó asentado en la crónica de los acontecimientos (Figura 6)





Fig. 6. Recorte de la Gazeta de México, con la descripción de la devastación de  las réplicas del sismo del 28 de marzo de 1787
 (Crédito: Hemeroteca de la UNAM) 



Silvia Ortiz  L M. (2019) refiere que la duración del evento principal fue entre 6 y 7 minutos, una hora después tiembla de nuevo y luego tres veces. El sismo se percibe desde Valladolid, hoy Morelia, hasta el litoral de Michoacán, continua por la costa hasta el Istmo de Tehuantepec y tierra adentro a la Ciudad de México, a Tulancingo, Hidalgo y a la ciudad de Oaxaca. 

De acuerdo a lo que señalan Sánchez A. y Farreras S. (1993), de los sismos tsunamigenicos locales, ocurridos en la porción mexicana de la Fosa Mesoamericana, sus tsunamis y efectos costeros, en Acapulco, durante ese evento,  la marejada más alta alcanzó una altura máxima entre 3.0 - 8.0 metros y posteriormente, el 3 de Abril de 1787, se considera que ocurrió la réplica más intensa del sismo del 28 de marzo y que la ola del tsunami que se originó, fue observada en la región de Pochutla, Tehuantepec y otros asentamientos de Oaxaca, estimando una altura de ola de 4.0 metros.

Por su parte el Servicio Sismológico Nacional (2019) así como Suárez y Albini, 2009), consideran que el origen tectónico del sismo de San Sixto, es de interplaca, producido en el contacto convergente entre la placa de Cocos y la placa de Norteamérica. En este contacto, la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa de Norteamérica en un proceso que se conoce como subducción.

En 2019, Sawires y sus colaboradores, actualizaron y unificaron los datos del Catálogo de Terremotos ocurridos entre 1787 a 2018, como una contribución a los estudios para la evaluación de riesgos sísmicos y consideran la magnitud de 8.6, como la máxima registrada en México.

Por lo cual, el sismo del 28 de marzo de 1787, representa, hasta ahora, el más grande en la historia del país, tal como lo indica, Cruz Atienza (2015).
  

 Y para tener en consideración...

Han transcurrido 233 años del gran terremoto de San Sixto, cuya magnitud (M 8.6) generó un importante maremoto en la costa occidental de México, eventos que fueron descritos en las crónicas de la Nueva España y que los científicos modernos, los han incluido en los catálogos respectivos; por lo cual, además de continuar con el monitoreo permanente de la sismicidad, es necesario avanzar a otros estudios con líneas de investigación dirigidas al monitoreo del nivel del mar, ya que el terremoto del 7 de septiembre de 2017 (M 8.2), nos dejó un fuerte recordatorio de que ser menos vulnerables es también nuestra responsabilidad,  por lo cual todos debemos estar continuamente preparándonos para afrontar los futuros sismos y tsunamis que vendrán, así como sobreponernos a ellos en el menor tiempo posible.


  
Fuentes Bibliográficas

Cruz Atienza V. M.  2015. Los sismos. Una amenaza cotidiana. La caja de cerillos ediciones. Primera Reimpresión, México. Págs. 45, 48-49.

Gazeta de México (editada por Manuel Antonio Valdés y Murguía) Fecha: 1787-05-01


Sánchez D. A. Farreras S. S. 1993. Catálogo de tsunamis (maremotos) en la costa occidental de México. World Data Center A For Solid Earth Geophysics Publication Se-50 January 1993. National Geophysical Data Center.  Págs. 7, 8 y 51


Sawires, Rashad; Santoyo, Miguel Angel; Peláez, José Antonio; Fernández, Raúl Daniel Corona (2019): An updated and unified earthquake catalog (1787-2018) for seismic hazard assessment studies in Mexico. figshare. Collection. 
Consultado en:  


Silvia Ortiz  L M. 2019. Cónica de seis siglos de sismos en México: lecciones aprendidas y perspectivas. Pág.  34. Consultado en:   http://www.amis.com.mx/amiswp/wp-content/uploads/2019/05/LIBROSISMOS2.pdf


Secretaría de Cultura, 2018. Sismos y patrimonio cultural. Testimonios, Enseñanza y Desafíos, 2017 y 2018. Consultado en:  

Servicio Sismológico Nacional. UNAM.  2019. 
Zona de subducción mexicana y su potencial para un sismo mayor 

Suárez G.,  Albini P. Evidence for Great Tsunamigenic Earthquakes (M 8.6) along the Mexican Subduction Zone. 2009. Bulletin of The Seismological Society of America.
Consultado en:


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