BREVE ENSAYO SOBRE EL IMPACTO DE LOS FENÓMENOS HIDROMETEOROLÓGICOS EN LA CDMX. - Radio Epicentro Blog

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jueves, 10 de octubre de 2019

BREVE ENSAYO SOBRE EL IMPACTO DE LOS FENÓMENOS HIDROMETEOROLÓGICOS EN LA CDMX.



INTRODUCCIÓN:

“Si ya saben que soy un lago para qué me pavimentan”, se lee en un meme que circulaba en las redes sociales tras los constantes encharcamientos e inundaciones que se presentan en la Ciudad de México; pues sí, efectivamente, la Ciudad de México ha sufrido inundaciones desde sus inicios, de hecho corrió el riesgo de no ser habitada.[i]
Existen varias versiones de la fecha en que se fundó la Gran Tenochtitlán, pero tomaremos como referencia, por ser la más reportada por los historiadores, el 13 de marzo de 1325[ii].
En aquel entonces la llegada de la tribu Azteca[iii], que más tarde adoptarían el nombre de “Mexícas”, guiada por su dios Huitzilopochtli, buscando la señal de “una águila posada sobre un nopal devorándo una serpiente”, constituyó un problema geopolítico para los reinos asentados a la ribiera de los grandes lagos.
A la llegada de los Mexícas al Valle de Anáhuac, las tribus que lo dominaban, no les permitían asentarse permanentemente en ninguno de los sitios de la ribiera; sin embargo, si permitieron que éstos utilizaran un islote lleno de serpientes; ahí los mexícas fundarían la Gran Tenochtitlan y con ello se iniciaría una secuencia de construcción del riesgo que se materializaría con grandes inundaciones de ese islote y de la futura ciudad.

HISTORIA DE UN DESASTRE ANUNCIADO Y CONSTRUIDO SOCIALMENTE.

La majestuosa Tenochtitlán, orgullo del Imperio Mexíca, construida en lo que hoy conocemos como el Centro Histórico de la Ciudad de México, era y sigue siendo en la actualidad, vulnerable a los efectos adversos del fenómeno hidrometeorológico como son las inundaciones.
Desde luego que en ese entonces no se pensaba en el riesgo como ahora lo concebimos, es más, los efectos de un agente destructivo se consideraban como un designio divino que obedecía más a las determinaciones de las distintas deidades, que a la misma naturaleza o, como ahora sabemos, a la construcción social del riesgo.
No obstante, los mexícas realizaron obras de mitigación dirigidas e implementadas por el “Rey Poeta” Nezahualcóyotl, quien construyó su famoso albarradón, que no era otra cosa que “un dique de nueve millas de largo (15 kilómetros) y once brazas (18 metros) de ancho compuesto de dos estacadas paralelas terraplenado el medio con piedra y arena que partía de Iztapalapa hasta los cerros de Tepeyac hoy Guadalupe.... Cabe aclarar que otras fuentes sitúan el Albarradón entre el cerro del Tepeyac y la Sierra de Santa Catarina”[iv].
El albarradón logró mitigar en gran medida las inundaciones, sin embargo, más de una ocasión se presentaron eventos extremos que rebasaron la capaciodad de las obras hidráulicas de reducción del riesgo implementadas por los mexícas.

LA CONQUISTA ESPAÑOLA.

El terrible impacto que constituiría el choque de dos culturas, no trajo consigo una visión distinta que perimitiera reducir el riesgo hidrometeorológico, por el contrario, desde el momento mismo de la guerra de conquista, los españoles destruyeron el albarradón construído por lo mexícas, con la finalidad de poder navegar libremente por el lago y sitiar con sus bergantines la Gran Tenochtitlán. La conquista acarreó la destrucción de la ciudad y de las obras hidráulicas construídas por los mexícas atrayendo, en breve, graves consecuencias con efectos adversos significativos, que generarían un proceso de construcción de un riesgo socionatural, que persiste hasta nuestros días.

LA COLONIA.

Cita Don Francisco Gallardo Negrete en su obra artículo Breve historia de la desecación de los lagos del Valle de México: desde Tenochtitlan hasta el nuevo aeropuerto internacional, lo siguiente: “Las inundaciones eran provocadas por errores de planeación y, sobre todo, por lluvias que se consideraban fuera de lo ordinario. Al parecer, durante la administración del gobierno virreinal, hubo fuertes anegamientos en 1604 y luego, tres años más tarde, en 1607. El lago de Chalco, de mayor volumen que el de Xochimilco, era especialmente proclive a estas catástrofes. En Historia antigua de México y de su conquista, Francisco Javier Clavijero escribe: “En el lago [de Chalco] se reunían todas las aguas de las montañas vecinas; así que, cuando sobrevenían lluvias extraordinarias, el agua, saliendo del lecho del lago, inundaba la Ciudad de México”[v].
Los inumerables esfuerzos por contener el agua que realizaban los españoles, resultaban infructuosos, la ciudad se seguía inundando con cierta regularidad. Destacan dos eventos: el primero de ellos ocurre en 1553, con intensas lluvias por más de 20 horas ocasionando el desbordamiento del lago de Texcoco que -sin la pared de piedras- alcanzó a la ciudad inundándola. El segundo ocurre el 20 de septiembre de 1629, cuando una tempestad de 36 horas de duración, provocó la casi desaparición de la ciudad; esta inundación duró cinco años y se comenta que hubo miles de muertos[vi].
Fue en este momento catastrófico, que se pensó en cambiar la ciudad a otra parte del valle, en un afán “correctivo prospectivo del riesgo”; sin embargo prevaleció el fetichismo ya que se consideró que esta inundación había sido una “venganza de Tláloc” por la conquista de 1521 y qué, consumada la venganza, no volvería a ocurrir, por lo tanto decidieron permanecer en el mismo sitio. Pero a la decisión de permanecer en el mismo lugar, siguió la de secar los grandes lagos mediante la construcción del Tajo de Nochistongo, obra que inició Enrico Martínez en 1607, quien señaló la dificultad de la obra en un documento denominado “Reportorio de los tiempos e historia natural de esta Nueva España”.
Al principio, los lagos de Chalco y de Xochimilco no fueron desecados, sino solamente contenidos por los diques de Tláhuac y de Mexicaltzingo. No obstante, hubo una labor de deforestación por parte de los nuevos colonizadores de esas tierras, quienes pretendían limpiar los alrededores en busca de dos objetivos:
1) Construir nuevas casas, y
2) La utilización de éstas tierras fértiles.
La desecación se vió favorecida por la ausencia de árboles, lo que provocó que el proceso de evaporación se incrementara. En cien años los resultados adversos serían evidentes[vii].

MÉXICO INDEPENDIENTE.

En 1824, el Congreso General Constituyente, consideró necesario continuar los trabajos de protección de la ciudad, por lo que en 1824 Lucas Alamán determinó abrir una vía paralela de desague que apoyara al Tajo de Nochistongo, por lo que decidieron implementar una obra similar en Huehuetoca.
Aun así, en los años 50 y 60 del siglo XIX se presentaron eventos importantes de inundación en la Ciudad de México.

EL PORFIRIATO.

En este periodo se construye el “Gran Canal del Desague”, el cual se decía, administraría las aguas del valle y permitiría la construcción de alcantarillado y evitaría que la ciudad se volviera a inundar. Como sabemos, las inundaciones continuaron.
Cita Mayo Romero en su artículo La CDMX en el tiempo: Inundaciones “En 1951 ese mismo canal se desbordó, quedó inutilizado y llenó a la gran ciudad de agua. Varias colonias como La Candelaria de los Patos y San Lázaro, Condesa, Obrera, Doctores, San Pedro de los Pinos y Portales y hasta la Guerrero y Peralvillo sufrieron las lluvias y las inundaciones. Muchas casas y negocios quedaron afectados y la ciudad tuvo que improvisar sistemas de bombeos para resolver la emergencia”[viii].

LA CDMX EN LOS 60 Y 70 DEL SIGLO XX Y EL DRENAJE PROFUNDO.

Debido a la sobreexplotación de los mantos acuiferos de la CDMX, el Gran Canal del Desague fue perdiendo su pendiente natural, por lo que fue incapaz de cumplir con la función para lo que fue construido. Por esa razón en 1962 entró en operación el Tunel Emisor Poniente y posteriormente en 1975 el Tunel Emisor Central. Ambas obras hidráulicas forman parte de una gran obra de protección de la CDMX llamada “Drenaje Profundo”[ix].
No obstante lo anterior, la nueva gran obra de reducción del riesgo de inundación de la CDMX también comenzó a perder capacidad de regulación, estimándose ésta hasta en un 30%, por lo que en 2008 la Comisión Nacional del Agua inició obras para aumentar la capacidad del Emisor Central. Estas obras están concluyendo y se espera que -como en todos los otros casos- esta vez si se reduzca el riesgo de inundación en la CDMX.

CONCLUSIONES.

Se puede apreciar que si bien es cierto que los mexícas habitaron el islote que a la postre sería la base para la construcción de la Ciudad de México, éstos convivían con el medio ambiente y aunque hicieron obras de reducción o mitigación del riesgo de inundación, nunca atentaron contra el comportamiento natural de los grandes lagos del Valle de Anáhuac. Sin embargo, si tendrían cierto grado de responsabilidad al instalar la Gran Tenochtitlán en el sitio que lo hicieron, dando inicio al fenómeno socionatural que hasta la fecha seguimos observando.
El inicio de tracto sucesivo del fenómeno socionatural que nos ocupa ocurre en el momento en qué, a pesar de las numerosas inundaciones y de observar desde la época prehispánica la inviabilidad de la ciudad en el sitio donde se fundó, se conservó la decisión de mantenerla en el mismo lugar.
El momento donde el fenómeno socionatural se acelera es justo en el instante que se toma la decisión de desecar el Valle de Anáhuac con la construcción, durante la colonia, del Tajo de Nochistongo. Esta es una terrible decisión que incrementó la destrucción del valle y trajo consigo el aumento de la exposición al riesgo con el crecimiento demográfico de la ciudad; así mismo generó el aumento de la vulnerabilidad de la ciudad al ser incapáz ésta de mitigar el peligro de inundación, a pesar de las obras de reducción del riesgo que de manera sucesiva y durante los siguientes siglos se hicieron.
La Ciudad de México subsiste “contra natura”, persiste en un sitio donde las leyes naturales exigen que sea un lago. En efecto, los trabajos de gestión correctiva del riesgo resultan inútiles por lo que prevalece la necesidad de mantener niveles altos de gestión reactiva. Como ya se dijo, la oportunidad de hacer gestión correctiva prospectiva del riesgo se presentó durante la colonia; a cambio de ello se decidió desecar los grandes lagos.
Es obvio que la alta concentración del poder político y económico que durante siglos se ha hacinado en lo que hoy es la Ciudad de México y su zona metropolitana, impide gestionar de manera correctiva prospectiva sus riesgos.
El Doctor Allan Lavell cita: “desarrollo es igual a riesgo”, sin embargo en este caso podemos observar que la balanza desarrollo/riesgo en la Ciudad de México generalmente se inclina más hacia la construcción del riesgo en una espiral si fin.
Finalmente y a la par del riesgo hidrometeorológico, el riesgo sísmico se ha potencializado con la desaparición de los grandes lagos y la aparición de asentamientos humanos, altamente vulnerables a los efectos de éste fenómeno debido a la composición mixta del piso en donde antes había agua y ahora hay lodo.



[ii] Cómo fue la fundación de Tenochtitlán: conoce el mito y la historia; NEOMEXICANISMOS ¿Quiénes somos?; http://neomexicanismos.com/mexico-prehispanico/fundacion-de-tenochtitlan-1325-mexícas-historia/
[iii] Los historiadores consideran que son “Aztecas” todas aquellas tribus que salieron del Aztlán.
[iv] Nezahualcóyotl creó dique para que Tenochtitlán no se inundara; por RICARDO PACHECO COLÍN; 11 de abril de 2016; http://www.cronica.com.mx/notas/2002/12616.html
[v] NEXOS; La Brújula, El Blog de la Metrópoli; JUNIO 27, 2017; https://labrujula.nexos.com.mx/?p=1363
[vi] La CDMX en el tiempo: inundaciones; Mayo Romero 30/06/2017; https://www.maspormas.com/ciudad/inundaciones-en-la-cdmx/
[vii][vii] NEXOS; La Brújula, El Blog de la Metrópoli; JUNIO 27, 2017; https://labrujula.nexos.com.mx/?p=1363
[viii] La CDMX en el tiempo: inundaciones; Mayo Romero 30/06/2017; https://www.maspormas.com/ciudad/inundaciones-en-la-cdmx/
[ix] Túnel Emisor Central; Wikipedia; https://es.wikipedia.org/wiki/T%C3%BAnel_Emisor_Oriente

3 comentarios:

  1. Un gran tema digno de ser difundido.
    Lo voy a considerar para un taller de lectura aquí en mi fraccionamiento con mis vecinos.
    Muchas gracias.

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  2. Un gran tema digno de ser difundido.
    Lo voy a considerar para un taller de lectura aquí en mi fraccionamiento con mis vecinos.
    Muchas gracias.

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