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lunes, 4 de marzo de 2019

PREPARACIÓN Y PREVENCIÓN DE EMERGENCIAS Y DESASTRES


PREPARACIÓN Y PREVENCIÓN DE EMERGENCIAS Y DESASTRES

Prepararse ante los desastres y sus afectaciones principales es uno de los tipos de intervención que integran la Gestión del Riesgo de Desastre. La preparación ayuda a paliar varios problemas habituales en los contextos de una emergencia, como la falta de tiempo para planificar y actuar, y el caos que se genera por la misma falta de organización.

Para evitar esa falta de organización, debe existir una estructura ordenada para la predicción, prevención, corrección y la respuesta ante un desastre, permitiendo así una mayor efectividad de ésta.

Además, constituye una base esencial para la prevención y mitigación de los desastres. Muchos de éstos, sobre todo los que tienen un proceso de gestación lenta (como, por ejemplo, los desencadenados por las sequías, o las heladas), podrían ser evitados si existiera una preparación adecuada, así como el compromiso y voluntad políticos necesarios para actuar. En otros casos, sería posible, por lo menos, minimizar su impacto y efectos.

La preparación consta del establecimiento de una amplia gama de mecanismos a nivel nacional, estatal y local, que, como las de prevención, tendrían que incorporarse a la planificación de las políticas de desarrollo a largo plazo, tanto a nivel del país como a nivel regional e internacional.  Ahora bien, dado que muchos gobiernos de países en vías de desarrollo carecen de los suficientes recursos materiales y técnicos para implantarlos, suele ser necesaria la contribución de la cooperación internacional.

Como se puede apreciar, la preparación es uno de los elementos esenciales para posibilitar el binomio Gestión del Riesgo-Gestión del Desarrollo; es decir, implica unas políticas de desarrollo que reduzcan el riesgo de desastre; mientras que, al aminorar el impacto de una crisis, posibilita un proceso de recuperación y rehabilitación, de reconstrucción y continuidad posterior más fácil.

Los planes de preparación tienen que estar ajustados a las condiciones locales, basándose en un adecuado conocimiento del contexto social, geográfico, político y económico, analizando la vulnerabilidad de la población que habita las zonas propensas a sufrir desastres. Además, los planes tienen que ser flexibles y dinámicos, debiendo ser revisados y reajustados periódicamente en función de las circunstancias y de nuevos riesgos, incluyendo la planeación urbana, disposición de recursos, etc.

La preparación teóricamente abarca la creación de los siguientes instrumentos:
a) Una capacidad institucional suficiente para prevenir y responder a los desastres, consistente en una red estructurada a nivel nacional, estatal y local, compuesta por los diversos organismos de la Administración Pública, así como por otras organizaciones (agencias multilaterales, ONG´s, etc.) previamente identificadas por su capacidad de respuesta ante la emergencia. Esta red debe descansar en acuerdos operativos entre tales organizaciones.

b) Una legislación sobre prevención y preparación ante emergencias bien estructurada, que detalle y coordine claramente las funciones de las instituciones desde el gobierno central hasta los órganos locales, y que especifique estándares y planes de actuación. Así, por ejemplo, debe regular el establecimiento y uso de las reservas alimentarias locales para emergencias, la realización de informes periódicos por las autoridades locales sobre la situación, la recogida de datos para los Sistemas de Alerta Temprana, la inspección por los poderes locales de los programas de emergencia, etc.

c) Mapas de vulnerabilidad, o estudios que identifican a los sectores sociales y zonas más vulnerables, detallando las causas económicas, políticas y sociales de su vulnerabilidad; por ejemplo, falta de acceso a agua potable o a servicios de salud, sistemas de comunicaciones en mal estado, tierra de cultivo insuficiente, nivel de pobreza, marginación social, etc. Estos análisis permiten tener localizada e identificada a la población más vulnerable, someter a especial vigilancia la evolución de su situación, y concentrar en ellos con rapidez la ayuda humanitaria necesaria en caso de desastre o emergencia.

d) Sistemas de alerta temprana (SAT) adecuados para la detección a tiempo de crisis y el diagnóstico de su naturaleza e intensidad a través del análisis de diferentes indicadores.

e) Planes de Contingencia, establecidos antes de la crisis, que especifiquen detalladamente qué acciones de mitigación o de emergencia deben llevarse a cabo en los diferentes escenarios, según el nivel de gravedad, que incluyan planes respecto a la seguridad, las comunicaciones, la alerta a la población y, si es necesario, el rescate y evacuación de ésta. Deben incluir también un conjunto de programas y proyectos que se activen para hacer frente a la situación, como los de empleo temporal, para proporcionar ingresos a los sectores que los necesiten. Contemplar también la asignación de responsabilidades y las funciones de cada organización y los mecanismos de coordinación entre ellas.

f) Establecimiento de infraestructura y equipamientos necesarios para responder con rapidez y efectividad a los desastres: equipos de intervención cualificados, medios de transporte, sistemas de comunicación, reservas alimentarias estratégicas, sistemas de descarga portuaria, etc. Igualmente, el establecimiento de instrumentos financieros, o bien, de planes para acceder a créditos urgentes para poder afrontar las adquisiciones inmediatas necesarias.

g) Identificación de los artículos y servicios de emergencia que puedan necesitarse en caso de catástrofe (alimentos, equipamientos de suministro de agua, tiendas de campaña, equipamiento sanitario, etc.); identificación de fuentes rápidas de suministro de los mismos; así como la creación de reservas de equipamiento y suministros de emergencia a nivel local o regional (alimentos, medicinas, combustible, etc.). También puede ser oportuno disponer de registros de consultores y asesores técnicos locales a los que recurrir para realizar la estimación de daños y la reconstrucción.

h) Profesionalización, Formación, Adiestramiento y Capacitación adecuada del personal implicado en la prevención y respuesta a emergencias y desastres, tanto de las instituciones públicas como de las agencias, voluntarios y ONG´s.

La educación de la población en materia de prevención de desastres es fundamental, haciéndole consciente de los factores cotidianos que les hacen vulnerables a los mismos y propiciando su participación en las acciones de preparación, así como su instrucción acerca de la forma en que deben intervenir (o no) en caso de emergencia.

Parece ser utópico, pero no lo es. Sólo necesitamos querer hacerlo...

Mtro. César Orlando Flores Sánchez.



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