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miércoles, 13 de febrero de 2019

La respuesta socialmente organizada.

Etapa superior de la gestión del riesgo y de la protección civil. 
(Segunda parte)   


Muy buenas tardes a todos mis amigos, aquí quiero empezar hablando brevemente de una situación que me trae del nabo desde hace mucho tiempo; en efecto, recuerdo que desde que el Presidente Fox saludaba y decía: “mexicanos y mexicanas”; a partir de ese momento todo mundo empezó a puntualizar una división -en los discursos- entre hombres y mujeres, que se vería fortalecida por la gran corriente feminista que existe en el mundo, contra la cual quiero precisar, no tengo absolutamente nada, incluso tengo una hija con un doctorado en psicología de la UNAM, que se dedica a la investigación y vive profesionalmente del tema. Sin embargo, si es preciso especificar que la Real Academia de la Lengua Española señala qué:

“La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto.” Así, en el caso del ejemplo de la expresión “los compañeros” es la única forma correcta de referirse a un grupo donde todos sus miembros fueran hombres, y, además, también es la única forma correcta para denominar a un colectivo donde hubiera hombres y mujeres, aunque el número de compañeras fuera superior al de compañeros. Y sólo se utilizaría, compañeras, cuando el colectivo estuviera formado en exclusiva por mujeres”.

En otro comunicado dice la RAE:

“Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; y de la referencia no quedan excluidas las mujeres prehistóricas.”

Así que aclarado que mi forma de saludarlos a ustedes se basa exclusivamente en un uso correcto de la lengua española, paso a pedirles a ustedes una disculpa por haberme desviado del tema y empiezo a hablarles sobre la “La Respuesta Socialmente Organizada”.

En el artículo anterior (https://ratogapan.blogspot.com/2018/12/la-respuesta-socialmente-organizada.html), explicaba yo, desde mi muy personal punto de vista, que solamente conocía dos tipos de mecanismos en donde la participación social era muy visible:
  • El Plan Operativo Volcán Popocatépetl; y
  • El Sistema de Alerta Temprana para Ciclones Tropicales (SIAT-CT).


Sin embargo, durante este tiempo recordé dos más, que también ya tienen muchos años y que siguen siendo de uso cotidiano:
  • Plan de Emergencia Radiológica Externa de la Planta Núcleo Eléctrica Laguna Verde, en el estado de Veracruz.
  • Plan de Operaciones Volcán de Colima.


·         En estos, al igual que en los anteriores, “La Respuesta Socialmente Organizada” conjuntamente con “la respuesta oficial o gubernamental”, juegan un papel preponderante en la protección de la sociedad en general.

Debo reconocer que el tema es mucho más profundo de lo que parece, que muy probablemente existan otros mecanismos en donde la combinación de la respuesta socialmente organizada y la gubernamental subsistan juntas; estas cuatro que menciono son las que en mis 21 años en la protección civil me tocó participar activamente.

Durante los 21 años que he tenido la oportunidad de vivir y disfrutar la protección civil y ahora también la gestión del riesgo de desastre, he podido aprender de grandes decanos del SINAPROC (cuando yo llegué el SINAPROC, este solo tenía 12 años, era mucho más joven de lo que sigue siendo hoy comparado con sistemas centenarios que hay en otros lugares del mundo, seguían en actividad mucha gente que fundó el SINAPROC y se venían sumando muchas personas que son y siguen siendo muy brillantes, provenientes de los sectores público privado y social del sistema; también jóvenes profesionistas que empezaban a crecer y a aportar su pasión y conocimientos por este tema).

Después de la presentación de la primera parte de este blog, recibí un comentario de una de las personas que más admiro; lo conocí en noviembre de 1998 en Colima durante una crisis volcánica; él era entonces un joven de veinticinco años de edad que ya era Licenciado en Letras y Periodismo y trabajaba en donde había egresado, la Universidad de Colima; hoy en día tiene un doctorado en antropología por el Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, laborando en su alma mater la Universidad de Colima, me refiero al Doctor Raymundo Padilla Lozoya @raypadilla1 , quien es un apasionado de nuestro tema y uno de los grandes estudiosos de los desastres desde el punto de vista antropológico.

El Doctor Padilla me comentó lo siguiente:

“Excelente aportación, en México, parte del problema consiste en que se lee poco a los especialistas. Ideas como las propuestas en este artículo, fueron planteadas desde la década de los 80s por los geógrafos y antropólogos que estudiaban la respuesta social ante desastres. Sin embargo, por NO leer, por NO analizar y NO actualizar el modelo, quedamos rezagados como sociedad y el 2017 se presentó un escenario de respuesta bastante similar al de 32 años atrás. Solamente que fue mayor por el llamado que se hizo por medio de las redes sociales.

A punto de iniciar 2019, da gusto leer que los antropólogos y geógrafos tenían razón en que la respuesta socialmente organizada era el mejor procedimiento. Ojalá que ahora sí se fomente y no sea ignorada otros 30 años”.

¡Qué comentario tan puntual y contundente! Este mi hizo ver cuatro cosas:


  • Los geógrafos y antropólogos que estudiaban la respuesta a desastres ya habían observado la necesidad de construir una “respuesta socialmente organizada” desde los años 80s.
  • Qué entonces esta idea no tiene nada de novedosa, que, por el contrario, ha estado presente todo el tiempo.
  • Qué la no construcción de una “respuesta socialmente organizada”, derivó en qué en el sismo de 19 de septiembre de 2017, se presentara una gran participación social de manera desorganizada, que rebasó totalmente la capacidad gubernamental, tal y como ocurrió en los sismos de septiembre de 1985 en la Ciudad de México.
  • Que consecuentemente los geógrafos y antropólogos tenían razón sobre la construcción de la “respuesta socialmente organizada” y que el SINAPROC la dejó, y la sigue dejando pasar aún.



Posteriormente al comentario del Doctor Padilla, recordé otro mecanismo que en la primera década de este siglo comenzó a aplicar el Programa Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en las zonas rurales del estado de Chiapas conjuntamente con el sistema estatal de protección civil de esa entidad, en donde la respuesta comunitaria es la base fundamental para responder a la amenaza o impacto de un agente destructivo; pero el mecanismo se basa en la “resiliencia de la comunidad”, donde la autoridad apoya a la comunidad en la construcción de esta resiliencia, pero su participación durante la respuesta a la amenaza o impacto de un agente perturbador es prácticamente mínima o nula, siendo la propia comunidad quien se defiende y se reconstruye del fenómeno destructivo. Esto en esencia es “respuesta socialmente organizada”, pero desde mi criterio, es todavía una etapa más alta, una fase superior, a donde sin duda deberá dirigirse la gestión del riesgo de desastres.

Sin embargo, antes de reiniciar el tema, quiero comentar que veo con preocupación que se confunde aún a la “sociedad civil” con la “respuesta socialmente organizada”; en efecto, desde mi punto de vista son dos cosas distintas.

La “sociedad civil”

La veo en universidades, organizaciones, asociaciones y sociedades civiles y grupos voluntarios, quienes tienen fines y objetivos claros dirigidos a la gestión del riesgo, al estudio de los fenómenos y a sus efectos sobre la sociedad y economía, y a la respuesta en emergencia o desastres; lo hacen de manera oficiosa, ordenada y profesional, apoyan y complementan a la gestión del riesgo y protección civil oficial, todo el tiempo.

La “respuesta socialmente organizada”

Son vecinos comunes y corrientes, cuya actividad preponderante no es la respuesta a emergencias y desastres, son vecinos que estudian, trabajan, son amas de casa, personas de la tercera edad, son personas que viven su vida normalmente, son aquellos quienes de manera desorganizada -en los sismos de septiembre de 1985 y 2017- salieron a la calle de manera desbordada y voluntariosa a ayudar a sus vecinos.

¿Por qué construir una “respuesta socialmente organizada”?

Los vecinos descritos en el párrafo anterior son quienes reciben directamente los primeros efectos de una amenaza o el impacto de un fenómeno perturbador, siendo ellos quienes inician las labores de respuesta en lo que los especialistas -oficiales y oficiosos- llegan al sitio de la crisis.

Está comprobado estadísticamente que -por ejemplo- en los efectos posteriores a un sismo devastador, el 80% de los rescates en edificios colapsados, son superficiales y realizados por los mismos vecinos. El 20% restante -y tratándose de personas atrapadas más profundamente- lo realizan los especialistas BREC o USAR.

Insisto, los vecinos que conforman la “respuesta socialmente organizada” no son especialistas en manejo de emergencias o desastres, pero si son quienes en los primeros minutos post impacto, podrían organizarán la respuesta en lo que se van desplegando los esfuerzos oficiales y de la “sociedad civil organizada”, por medio de sus grupos voluntarios, especialistas y académicos.

La “respuesta socialmente organizada” no suple los esfuerzos del gobierno ni de la “sociedad civil”, por el contrario, los complementa.

¿Qué podría hacer la “respuesta socialmente organizada” en los primeros momentos de la amenaza de un agente destructivo o en el post impacto de este?
  • Establecer o instalar el Sistema de Comando de Incidentes y posteriormente, a la llegada de alguien con la capacidad técnica o jerárquica, transferirle el mando.
  • Quienes cuenten con capacidades técnicas, apoyar el “área de concentración de víctimas” (dónde se administran todos los recursos médicos, humanos y materiales).
  • Colaborar en la administración del “área de espera” (dónde arriban -en espera de ser asignados tácticamente a terreno- todos los recursos humanos y materiales que se van concentrando en la escena).
  • Apoyar en la administración de “refugios temporales”.
  • Organizar y administrar “centros de acopio de suministros logísticos humanitarios”.


¿Cómo activamos la “respuesta socialmente organizada”?

Bien, pues en esta ocasión empezaremos diciendo que para iniciar un protocolo de respuesta en general, ya sea gubernamental o social, o ambas al mismo tiempo (lo deseable), debemos partir de un sistema de alerta temprana; esto es una recomendación que proviene de la “Estrategia Internacional de Prevención de Desastres y los Tratados de Sendai de Naciones Unidas” y también viene contenida en la fracción XIII del artículo 2º del Reglamento de la Ley General de Protección Civil (México):

De lo anterior podemos desprender cuatro elementos básicos de un sistema de alerta temprana:
  1. Identificación de los riesgos (lo ideal siempre será contar con un Atlas de Riesgo).
  2. Monitoreo de los agentes destructivos.
  3. Difusión de las alertas de manera comprensible a las autoridades y a la población.
  4. Protocolos de respuesta gubernamentales, de la “sociedad civil” y de la “respuesta socialmente organizada” quién ya ha sido preparada para responder inicialmente y transferir el mando cuando se requiera.



Bien, pues es todo por hoy; en la próxima entrega, que será la última sobre este tema, hablaremos de:
  • Lo que hacen otros países respecto de este tema.
  • Lo que ha venido haciendo México.
  • La Metaemergencia, en la cual la sociedad juega un papel preponderante.



Ha sido un placer y nos vemos en la próxima entrega.

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