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lunes, 23 de julio de 2018

LA RESILIENCIA COMO ESTRATEGIA POLITICA DE LOS NUEVOS GOBIERNOS


Por: Henry A. Peralta
Ing. Civil, Magister en Educación
Líder en Resiliencia

Nuevos gobiernos inician su mandato en América latina y el caribe, algunos ya posesionados y otros en proceso de hacerlo. Hoy estos  se enfrentan desde lo global a grandes desafíos como el cambio climático, las graves crisis humanitarias asociadas a la migración o la ocurrencia de desastres. Desde lo local, están llamados a gestionar la tendencia a una rápida urbanización, la crisis del agua y las pandemias, entre muchas otras problemáticas.

Todas estas situaciones retan la capacidad de los gobiernos para garantizar las adecuadas condiciones de vida de las poblaciones. Son tantos y tan intensos los desafíos del mundo contemporáneo, tantos los frentes que hay que atender y tan limitados los recursos, que las soluciones que se propongan deben ser sostenibles en el tiempo. En ese sentido, una manera de generar soluciones estructurales a los problemas contemporáneos, es propiciar la generación de capacidades en los grupos y en los individuos, para que estos se conviertan en gestores del cambio y no solo en dependientes de un agente externo. A este proceso de fortalecimiento intrínseco se le denomina Resiliencia.  Entendida esta: ”como la capacidad innata y/o adquirida de una persona u organización para resistir, adaptarse, prepararse y recuperarse ante una crisis.  Se basa en el conocimiento de sí mismo y del entorno, mediante una actitud flexible y de aprendizaje, para resolver de forma creativa e innovadora las situaciones adversas cotidianas, así como las grandes crisis (Peralta & Velásquez, 2017).

La resiliencia desde esta visión, se constituye en uno de las herramientas más significativas para dar respuesta a los retos contemporáneos por parte de los nuevos gobiernos.  Es necesario así mismo, que los nuevos gabinetes de los gobiernos entrantes, así como su parte legislativa, representados en las asambleas, congresos nacionales o estatales conozcan y promuevan un cambio de paradigma desde la dependencia hacia la resiliencia.  La resiliencia en este caso  también puede considerarse como una estrategia política para lograr articular por primera vez dos temas emergentes de mundo moderno: el riesgo y el desarrollo. Estos, como temas de una misma agenda, deben trabajarse de manera recíproca y complementaria y no de manera aislada como se ha sido la práctica cotidiana en las últimas décadas.

La resiliencia es también la oportunidad para integrar las diferentes dependencias y direcciones administrativas de los gobiernos nacionales y/o estatales para avanzar camino hacia el desarrollo sostenible. Esto permitiría llevar a la práctica los compromisos que voluntariamente los gobiernos han decidido asumir al 2030, en relación con los 17 objetivos  del desarrollo sostenible, así como las siete metas del marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres.

Como enfoque y práctica la resiliencia es el principal camino hacia la sostenibilidad, lo cual pasa por la reducción del riesgo de desastres, tanto del actual como del futuro. Esta como fuente de inspiración, es la mejor disculpa para mejorar la relación sociedad – naturaleza y sociedad – sociedad. Es la oportunidad para que los nuevos gobiernos nacionales, propongan reformas profundas a la legislación existente, generen inversiones sensibles al riesgo, movilicen a los actores públicos, privados y comunitarios a trabajar por un objetivo común: la resiliencia.

Pero para que para esto se haga realidad, es necesario contar con líderes en resiliencia que estén dispuestos a enfrentar los retos que impone el mundo global. Líderes honestos, coherentes y con una visión integral de las problemáticas del riesgo y el desarrollo. Que desde la misionalidad de los gobiernos que representan, actúen de manera acertada, que sumen y no resten, que multiplique y no dividan.

Identificar y definir quiénes son esos nuevos líderes, no es tarea fácil. Sin embargo hay que encontrar y posicionar a los mejores, para pasar del inmovilismo al dinamismo, de la visión personalista a la visión institucional, del asistencialismo al fortalecimiento de la autonomía, de un enfoque centrado en la atención de los desastres a un enfoque centrado en la reducción del riesgo, de la visión fatalista del riesgo a una visión de oportunidad.

Es posible que actualmente no encontremos a las personas con la formación integral, enfoque y visión ideal para asumir todos los retos que implica la construcción de resiliencia del mundo actual. No obstante quien sea elegido debería cumplir con diez aspectos claves que hacen un líder en resiliencia: el autoconocimiento, el compromiso, el respeto, la inclusión, la confianza, la reciprocidad, la articulación, la flexibilidad, la creatividad y la comunicación (Peralta & Velásquez, 2017).

Las diez cualidades mencionadas se deben consolidar para conectar, promover y aplicar la resiliencia, como parte del desarrollo individual y organizacional. Son referentes motivacionales, afectivos y actitudinales para quienes quieran asumir una nueva manera de ser líder. Caracterizan así mismo, la identidad personal y el control de los procesos para el desempeño de las competencias en contextos específicos. Estas cualidades aplican también para los equipos de trabajo que hagan parte de los nuevos esquemas de organizaciones, direcciones, secretarías, ministerios o gerencias responsables de la gestión del riesgo de desastres o de las protecciones civiles de los países.

Tanto el cargo de los líderes principales en resiliencia, como los de los líderes de apoyo en los equipos de gobierno deberían cumplir un perfil mínimo de competencias laborales y humanas. Deberían actuar bajo el enfoque y orientación adecuada para desarrollar integralmente la gestión del riesgo de desastres, como una de las herramientas para la construcción de resiliencia.

Para que esto ocurra, la Gestión del Riesgo de Desastres debe dejar de ser la cenicienta de los gobiernos nacionales, el fortín predilecto de los puestos burocráticos para cumplir cuotas políticas de campañas electorales, cuando no se entiende la importancia del tema.

Los integrantes de los equipos de resiliencia, deberían ser elegidos por meritocracia y no a dedo como históricamente se ha hecho, sin un proceso de selección. Esto es un gran salto que debe darse para que la gestión del riesgo de desastre ocupe el lugar que debe tener como estrategia de desarrollo y de esa misma manera cuente con los presupuestos suficientes para hacer lo que le corresponde.

Para esto último es necesario continuar fortaleciendo los procesos formativos tanto en la educación formal y no formal, a nivel de pregrado y postgrado en las universidades, así como la formación especializada ofrecida por organizaciones del orden nacional e internacional. Las iniciativas de conformación y funcionamiento actual de escuelas en gestión del riesgo de desastres y de protección civil como espacios de divulgación y  diálogo como escenarios naturales para  la generación de conocimiento útil en la toma de decisiones.

De igual manera, la creación, así como el fortalecimiento de asociaciones y colegios de profesionales en gestión del riesgo de desastres y de protección civil, es una estrategia clave para dar valor a los profesionales que se han formado, se forman y se quieren formar en un futuro en la temática, para contribuir positivamente a un cambio de enfoque: del desastre al riesgo y del riesgo al desarrollo. La certificación de competencias profesionales en gestión del riesgo de desastres es urgente.

Finalmente vemos en los cambios de nuevos gobiernos una oportunidad única de marcar la diferencia. Estos nuevos gobernantes, están llamados a conformar equipos de resiliencia para la gestión del riesgo de desastres y/o protección civil, donde todos tengan la posibilidad de ser verdaderos líderes en resiliencia. Estos equipos necesitan estar orientados por gerentes de resiliencia que motiven cambios, establezcan sinergias, gestionen recursos y vayan de la teoría a la práctica. 

Lo anterior también requiere apoyo por parte de la sociedad civil organizada para exigir que los nuevos equipos de gobierno encargados de la gestión del riesgo, realmente conformen los equipos de resiliencia con las más altas calidades humanas, técnicas y profesionales, de la mano con presupuestos adecuados para funcionar. Personas que promuevan el tránsito desde el inmovilismo del asistencialismo hacia el dinamismo de la resiliencia, el paso desde las sociedades asistidas a los pueblos resiliados.

2 comentarios:

  1. Excelentes palabras Henry, como lo mencionas en el blog Líderes honestos, coherentes y con una visión integral de las problemáticas del riesgo y el desarrollo, esto también es gestión integral en la gobernanza del riesgo, deben ser seleccionados los mejores líderes que sean integradores de la sociedad civil, empresa privada, academia y ong's ya que la resiliencia se construye en equipo.

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  2. Excelente!.
    (...) Diez aspectos claves que hacen un líder en resiliencia: el autoconocimiento, el compromiso, el respeto, la inclusión, la confianza, la reciprocidad, la articulación, la flexibilidad, la creatividad y la comunicación (Peralta & Velásquez, 2017).

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