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domingo, 6 de mayo de 2018

SE NECESITAN LÍDERES EN RESILIENCIA



Por: Ing. Civil  y Magister en Educación
Henry Adolfo Peralta Buriticá
Gerente General de Soluciones Resilientes
Experto Internacional en Resiliencia Territorial

El mundo actual requiere de soluciones creativas e innovadoras para hacerle frente a la rápida urbanización, las graves crisis humanitarias, los problemas ambientales, las pandemias, el riesgo existente y los riesgos ya materializados en desastres. Principalmente en las últimas cuatro décadas, la globalización del ser, el saber y el poder han generado fuertes conflictos en la relación entre sociedad- sociedad y sociedad – naturaleza.

Cuando Ulrich Beck, afirma que existen tres caminos para considerar el riesgo, a lo que nos está invitando es a tomar una posición crítica de la realidad y actuar en consecuencia. La negación del riesgo es el primer camino. Una postura irresponsable que infortunadamente prevalece en los modelos mentales de autoridades y la sociedad en general. Esto puede deberse a un desconocimiento de la existencia del mismo, o conociendo que existe se actúa con una negligencia premeditada. Ignorar o negar el riesgo no nos protege de su materialización en desastre.



Ser indiferente ante el riesgo es el segundo camino para actuar irresponsablemente. Aceptando que el riesgo existe, no se hace nada para reducirlo. A nivel institucional esto puede deberse principalmente a que la toma de decisiones se hace desde criterios personalistas y no desde la misionalidad de las organizaciones encargadas de la temática. 

A nivel social existe una gran brecha de desconfianza entre las comunidades y la institucionalidad, generada principalmente por los incumplimientos constantes en la reducción del riesgo de desastres. Esta indiferencia se ve claramente reflejada en que ambos actores, sociedad y Estado, dejan en manos del otro la solución de las problemáticas, producto de una visión paternalista y a la vez de prácticas asistencialistas.

El tercer camino es el cambio. Una postura que obliga a necesariamente a reconocer, tal como lo plantea Ulrich Beck que: “…el reto está en intervenir unas condiciones inseguras que nosotros mismos hemos producido”.  Para hace que esto suceda se necesita líderes en resiliencia. Hombres y mujeres dispuestos a desaprender y apre-hender sobre resiliencia. No de esos que creen saber que todo lo saben y que no hay nada nuevo por descubrir. Ni de aquellos que siguen pensando, argumentando y promoviendo que los “desastres son naturales”. Ni esos que piensan que no hay que planificar sino que es solo actuar”. O de los que siguen concibiendo la gestión del riesgo de desastres en el antes, durante y después.

Se necesitan líderes en resiliencia que estén dispuestos a romper sus propios esquemas mentales. Que sean coherentes en el pensar y en el actuar. Y así al representar instituciones dejen de lado los criterios personalistas y lo hagan desde la misionalidad.  Líderes en resiliencia éticos y transparentes, dispuestos a dar lo mejor de sí, o hacer lo mejor que puedan, como en la fábula del colibrí del sociólogo brasilero Herbert José de Sousa, conocido como Betinho, recreada y contada por la premio Nobel de Paz, la keniana Wangari Maathai Wangari en el año 2004.

“La historia del colibrí trata sobre un bosque enorme que está ardiendo, todos los animales del bosque salen y están paralizados, mirando como arde el bosque. Se sienten abrumados e indefensos, excepto un pequeño colibrí que dice: “yo voy a hacer algo contra este incendio”. Así que vuela al río más cercano y toma una gota de agua y la suelta sobre las llamas. Y así una y otra vez, tan rápido como puede. Mientras tanto los otros animales – animales mucho más grandes, como el elefante podrían aportar mucha más agua – se quedan indefensos. Y dicen al colibrí: “¡Que crees que puedes hacer? ¡Este incendio es demasiado grande, tus alas son demasiado pequeñas, y tu pico es tan pequeño que sólo puedes llevar una pequeña gota de agua cada vez!”. Pero mientras siguen desanimándole, el colibrí se dirige a ellos sin perder tiempo y les dice: “hago lo mejor que puedo”. Y eso es para mí lo que todos debemos hacer.

Wangari hace una extraordinaria reflexión sobre esta fábula, que resulta reveladora: “siempre deberíamos sentirnos como un colibrí. Pueda que yo me sienta insignificante, pero sé que no quiero ser como los animales, mirado como el planeta se va al carajo. Seré un colibrí y haré lo mejor que puedo”. La aspiración es que cada vez hayan más y más “colibríes”, hombres y mujeres, que hagan lo mejor que puedan dentro de sus propios territorios, sectores y familias.

Es así que la resiliencia como el nuevo paradigma de la gestión del riesgo de desastres es el gran desafío a asumir. Es necesario volver a las raíces de los conceptos básicos que propuso la Red de Estudios Sociales de Prevención de Desastres de América Latina – LA RED, muy usados, replicados, desgastados, pero muy poco comprendidos. Volver a las raíces conceptuales no significa retroceder, sino por el contrario resignificar lo propuesto, para apropiarlo, transformarlo y reinventarlo.  

Una nueva agenda de investigación en Gestión de Riesgos de Desastres desde el paradigma de la resiliencia también debería retomarse, como parte de una nueva escuela de pensamiento, que motive la construcción de nuevos modelos mentales. Que inspire a las generaciones venideras en asumir el liderazgo para la resiliencia como una estrategia de entrada y de salida para hacerle frente a este mundo global e interconectado.

Hoy no existen excusas para no hacerlo. La tecnología esta alcance de todos. La información debe ser convertida en conocimiento en beneficio de la sociedad, en función de la reducción del riesgo de desastres y el desarrollo sostenible. Se requiere para esto nuevas escuelas de formación en la temática de los riesgos y los desastres desde un enfoque fresco y moderno. Dejar atrás los viejos conceptos, crear y re-crear unos nuevos.

En mi libro, Resiliencia: La clave del nuevo liderazgo del Siglo XXI, planteo que “…Un líder en resiliencia es quien ve en las crisis cotidianas de la existencia un motivo para la transformación, el crecimiento, el desarrollo humano y la lucha en la esperanza. Necesita desarrollar y mantener un grupo de competencias y habilidades que se engloban en la capacidad de influir en otras personas para orientar procesos de resiliencia. Debe tener la habilidad de identificar y aplicar las últimas tendencias en materia conceptual, política, normativa y tecnológica. De la misma manera debe ser capaz de proponer soluciones que optimicen los recursos financieros y promuevan la independencia tecnológica; para así dar respuesta a las problemáticas haciendo uso de los recursos existentes. 

Este tipo de líder debe generar soluciones resilientes, dado que la disponibilidad y accesibilidad a los recursos siempre serán limitadas. Debe tener así mismo, la sensibilidad para descubrir las condiciones que motivan o que dificultan para que una comunidad u organización inicie un proceso de resiliencia. Es el tipo de persona requerida para la transición entre la guerra y la paz o el encuentro con la ocurrencia de un fenómeno natural al que se sea vulnerable, ya que desde la perspectiva de la resiliencia los conflictos estimulan el crecimiento y la madurez humana…”.

¿Dónde podemos encontrar este tipo de líderes en resiliencia, que estén dispuestos a romper paradigmas, cambiar sus esquemas mentales y atreverse a salirse de su zona de confort?. ¡Espero tú seas uno de ellos! 

Observatorio Resiliencia Territorial
Centro de Pensamiento, Innovación e Investigación
Soluciones Resilientes
 

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