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lunes, 30 de abril de 2018


LA GESTIÓN INTEGRAL DEL RIESGO DE DESASTRE EN LA AGENDA NACIONAL
Sabemos que la Gestión Integral del Riesgo de Desastres es un proceso cuyo fin último es la prevención, la reducción y el control permanente de los factores de riesgo de desastre en una sociedad; así como también la adecuada preparación y respuesta ante situaciones de desastre, considerando las políticas nacionales, con un énfasis especial en aquellas relacionadas en materia económica, ambiental, de seguridad y defensa nacional y territorial, de manera sustentable.
Sin embargo, es sumamente válido preguntarnos por qué los gobiernos nacionales ponen más atención a la respuesta y no a la Reducción del Riesgo de Desastre. Si bien la respuesta en caso de desastre es importante, no se atienden las causas de las pérdidas que provoca dicho desastre. Estas causas se originan en la interacción entre los asentamientos humanos y el medio ambiente natural. Los eventos naturales reiterados se transforman en desastres porque existen poblaciones que se encuentran asentadas en la ruta natural de un fenómeno, con estructuras incorrectamente preparadas para soportar los peligros que infiere la propia naturaleza, en zonas de alta vulnerabilidad, entre otros muchos factores.
Las políticas formuladas para atender desastres deben cubrir una amplia variedad de aspectos con el fin de proteger a las personas y a sus bienes. En los países en vías de desarrollo, estos aspectos deben vincularse con una red de políticas referidas al desarrollo económico. La mayor protección frente a los desastres es un país económicamente viable con instituciones sólidas. De la misma forma en que reducir la pobreza exige una extensa variedad de políticas que afectan a la sociedad y al gobierno, reducir la frecuencia de los desastres exige un análisis extenso que refleje las causas de la vulnerabilidad de una sociedad ante tales desastres.
No solamente se debe articular una estrategia integral, sino que también se debe construir una voluntad política y económica que apoye estas nuevas políticas y concientizar a los integrantes de la Administración Pública de los tres órdenes de gobierno, federal, estatal y municipal.
Según Paul K. Freeman, Leslie A. Martin, Joanne Linnerooth-Bayer, Koko Warner y George Pflug, en Estrategias Financieras para la Reconstrucción en Caso de Desastres Naturales (sic). “Un sistema nacional para hacer frente a los desastres está compuesto por la interacción de las instituciones, los mecanismos financieros, las normas y las políticas que configuran la forma de abordar la gestión del riesgo de desastres de un país. Esa interacción puede ser formal o informal. Comúnmente se cree que para que un sistema nacional para hacer frente a los desastres sea integral, los gobiernos nacionales deben participar activamente en la creación y puesta en práctica de un sistema formal”.
Es decir, el concepto de la Gestión del Riesgo de Desastre es la perspectiva de los desastres acorde con el desarrollo sostenible, y abarca desde la actividad productiva y planificadora hasta la reconstrucción superando la vulnerabilidad pre-existente y aumentando la capacidad organizativa social e institucional. Sin embargo, debe entenderse también que las acciones de Gestión de Riesgos son una actividad compleja que requiere la participación de todo el Estado y la Sociedad Civil. No son el trabajo particular de un organismo de prevención y atención de emergencias, puesto que se hace énfasis en el impacto negativo de un fenómeno.
La geografía de un país predetermina la ocurrencia de eventos recurrentes, como el caso del impacto de fenómenos hidrometeorológicos y/o geológicos. Pero a la vez,  las acciones  sobre el ambiente profundizan la vulnerabilidad de los asentamientos humanos.
La gestión del riesgo debe empezar por impulsar una interacción armoniosa con las condiciones ambientales  lo que implica la evaluación cuidadosa de los principales procesos creadores de vulnerabilidad.
Un Sistema Nacional de Gestión del Riesgo, no debe ser únicamente reactivo, debe impulsar actividades preventivas y de mitigación de manera permanente, no sólo de manera previa a la temporada de huracanes, por ejemplo, pues habrá ocasiones en que se requiera realizar obras para la mitigación que tome un tiempo considerable.
Ahora bien, la Reducción del Riesgo de Desastre se entiende como un concepto estratégico que lleva a la reducción de pérdida de vidas y propiedades, así como de los estragos sociales y económicos  por causa de la materialización de un riesgo, ya sea de carácter natural o antropogénico.
La incorporación de estos dos conceptos en la Agenda Nacional, podrá coadyuvar a mitigar la desaceleración (o retroceso, en su caso) del desarrollo de una determinada región, ya sea doméstica o internacional, ante la ocurrencia de un desastre.

·         *Aprovecho la ocasión para felicitar y agradecer a Jesús Ernesto Duque Padilla por la publicación de su obra “Tecnología Cívica para una cultura de Prevención de Desastres”, altamente recomendable.

César Orlando Flores Sánchez.

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