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lunes, 26 de marzo de 2018


LOS SISMOS DE SEPTIEMBRE DEL 2017 EN LA CIUDAD DE MEXICO.

Un sismo es el movimiento de la corteza terrestre (litosfera), debido a la energía liberada por la fractura de una placa tectónica.

La capa más superficial de la tierra llamada Litosfera, es una capa rígida compuesta por material que puede fracturarse al ejercer una fuerza sobre él y está constituida por grandes pedazos formando un rompecabezas conformado por piezas llamadas placas tectónicas.

Las placas tectónicas o placas litosféricas son planchas rígidas de roca sólida flotando sobre una capa semifluida (Astenosfera).

Las placas tectónicas están en constate movimiento, estos desplazamientos aleatorios de las placas son generados debido a que el material caliente del interior de la Tierra sube a la superficie liberando el calor interno, mientras que el material frio baja al interior.

Este fenómeno provoca el movimiento de las placas que generan fuerza de fricción manteniendo atoradas dos de ellas adyacentes, produciendo grandes esfuerzos en los materiales.

Cuando dichos esfuerzos sobrepasan la resistencia de la roca, o cuando se vence la fuerza de fricción, se produce la ruptura violenta y la liberación repentina de la energía liberada, generándose así un temblor que radia mucha energía en forma de ondas que se propagan en todas direcciones a través del medio solido de la Tierra

Un terremoto intraplaca es un sismo que ocurre dentro de una placa tectónica, mientras que los terremotos interplaca ocurren en los límites de dos placas tectónicas.

Los terremotos intraplaca son menos frecuentes; los interplaca son los más comunes.

De acuerdo con la teoría de la tectónica de placas, la superficie de la Tierra está formada por siete placas tectónicas primarias y ocho placas secundarias, además de docenas microplacas terciarias. Estas placas se mueven muy lentamente,  a consecuencia de las corrientes de convección dentro del manto debajo de la corteza terrestre. Debido a que no todas se mueven en la misma dirección, las placas a menudo colisionan directamente o se mueven lateralmente a lo largo unas de otras, un ambiente tectónico que genera terremotos frecuentemente. Son relativamente pocos los terremotos que ocurren en ambientes intraplaca, la mayoría ocurren en las fallas cerca de los márgenes de las placas (zonas de subducción). Por definición, los terremotos intraplaca no se producen cerca de los límites de placas, sino a lo largo de fallas al interior relativamente estable de las placas. Estos terremotos ocurren a menudo en la ubicación de antiguas fisuras fallidas, ya que tales estructuras pueden presentar una debilidad en la corteza donde fácilmente puede deslizarse para acomodar la tensión tectónica regional.

Comparados con los terremotos cercanos a los límites de las placas, los terremotos intraplaca no son comprendidos del todo y los peligros asociados a ellos pueden ser difíciles de cuantificar

Respecto a las placas tectónicas en México, se sabe que nuestro país se encuentra en uno de los lugares con mayor propensión a los sismos debido a la interacción de cinco placas: Norteamericana, Cocos, Pacífico, Rivera y Caribe. Y es justo esta interacción la que crea los sismos.

El temblor de este 19 de septiembre de 2017 fue precisamente de tipo intraplaca, el cual ocurrió en la Placa de Cocos, por debajo de la de Norteamérica, este sismo de Mw 7.1 impactó a la Ciudad de México fuertemente ya que, ocurrió a escasos 57 Km. de profundidad, en la frontera entre los Estados de Puebla y Morelos, a una distancia de solo 120 Km de la capital de la república, tanto por la ubicación del epicentro como por la trayectoria de las ondas sísmicas los daños se concentraron a lo largo de la zona de transición, a diferencia de lo ocurrido en el año 1985, que fue un sismo de mayor magnitud, interplaca, a una distancia mayor, impactando la zona lacustre de la Ciudad de México, y causando muchísimos más daños y defunciones que en el año 2017.



En el sur de México, la placa oceánica de Cocos se mete (subduce) por debajo de la de Norteamérica. El sismo de 1985 ocurrió en la interfaz entre la Placa de Cocos y la de Norteamérica, cerca de la costa. El de 2017 ocurrió adentro de la Placa de Cocos.


Otro sismo que podemos comentar y comparar con el del 19 de septiembre de 2017, es el ocurrido el 7 de septiembre del 2017.


Este sismo ha sido el de mayor magnitud, ocurrido en más de 100 año, con epicentro en Pijijiapan, Estado de Chiapas, de Mw 8.2 (el del 19 de septiembre de 1985 fue de Mw 8.1), sin embargo por la distancia a la Ciudad de México, de más de 600 Km y la trayectoria de las ondas sísmicas, no impactó tan fuertemente a esta capital.


Todo lo que acabamos de mencionar, considero que es muy interesante además de importante pero, el asunto no es conocer esto sino qué hacer y cómo actuar en estos casos.

Si ya sabemos que los sismos son impredecibles en todos sus aspectos, momento en que ocurrirán, lugar, tipo, magnitud y afectación, ¿qué podemos hacer para no resultar afectados o, resultar lo menos afectados?:

Primero, hay que estar conscientes de que NO EXISTEN LOS DESASTRES NATURALES, la naturaleza no origina desastres, LOS DESASTRES SON SOCIALMENTE CONSTRUIDOS, es decir, los origina el ser humano.

No hay que perder de vista que los “FENOMENOS NATURALES” como los ciclones tropicales, que dependiendo de la velocidad de sus vientos pueden convertirse en huracanes hasta categoría V, las erupciones volcánicas, sismos, y algunos otros, existen desde mucho antes que el ser humano apareciera en el planeta, ya que son parte de la vida del planeta, de su evolución.



Aquí el problema radica en que los seres humanos creemos que podemos controlar y dominar a la naturaleza y, hasta inconscientemente tratamos de enfrentarnos a ella.

Hay que recordar lo que Simón Bolivar dijo: “Si la naturaleza se opone; lucharemos en contra de ella y haremos que nos obedezca (Simón Antonio De La Santísima Trinidad Bolivar Y Palacios – Simón Bolivar)”, ante tan temeraria afirmación, podemos decir que, aunque no lo digamos o lo pensemos, nosotros de una u otra manera actuamos en función de esa cita.

Nuestra soberbia y arrogancia como seres humanos es tan desmedida que ni siquiera nos damos el tiempo de pensar que nosotros podríamos salir afectados ante la magnificencia de la naturaleza, simple y sencillamente ni aparece en nuestra mente, y no nos damos cuenta que nosotros, los seres humanos, somos los que originamos los desastres.

Un desastre no es más que la interrelación entre el fenómeno natural (peligro), nuestra exposición a ese fenómeno natural y la vulnerabilidad (qué tan vulnerables somos cuando nos exponemos ante la presencia de ese fenómeno).   

En función de lo que acabo de exponer, yo digo lo siguiente: ciertamente la naturaleza no es nuestra enemiga, al contrario, pero si así lo piensas, hay un refrán que dice, “SI NO PUEDES CON TU ENEMIGO, UNETELE”, repito,  ciertamente la naturaleza NO es nuestro enemigo, pero hay que estar conscientes que enfrentándola nunca, nunca podremos con ella, uno no puede llegar a casa ajena e imponer su voluntad, y la naturaleza es la dueña y señora del planeta Tierra, únicamente nos está dando hospedaje durante un determinado tiempo, los años que permanecemos con vida, por ello insisto, la naturaleza no es la culpable de nuestros desastres, “LOS DESASTRES SON SOCIALMENTE CONSTRUIDOS”, por lo tanto no hay que tratar de enfrentar y ganarle a la naturaleza, hay que agradecerle y aprovechar lo que ella, generosamente, nos da, y evitar o reducir nuestra vulnerabilidad, y si alguien piensa que puede luchar contra la naturaleza y hacer que lo obedezca, “está como operado del cerebro”.

La naturaleza es muy poderosa y nosotros junto a ella somos más que insignificantes.

Hay que ser humildes, aceptar que el planeta Tierra es nuestra casa, pero nos está siendo prestada, y la naturaleza es la que nos permite vivir aquí, es quien nos proporciona el oxígeno que respiramos, los alimentos que ingerimos, y el agua que bebemos, por lo cual, por ello tenemos vida y disfrutamos de ella.

No le eches la culpa a la naturaleza de lo que es tu responsabilidad y lo que tú provocas.    

          

J. Raúl Cantón y Lara











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