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sábado, 18 de noviembre de 2017

EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA EN RESILIENCIA: Una propuesta para reducir el riesgo y transformar la realidad


Por: Ing. Civil Mag. Educación Henry Adolfo Peralta Buriticá
Experto Internacional el Resiliencia Territorial
Gerente General de Soluciones Resilientes
henry.peralta@solucionesresilientes.com

Nota: Este artículo se basa en algunos apartes del libro: Resiliencia, la Clave del Liderazgo del Siglo XXI, escrito por Henry Peralta y Amparo Velásquez (2017)

Como educadores y educadoras somos políticos, hacemos política al hacer educación
Paulo Freire

Cuando en la actualidad se pretende generar un cambio de enfoque  sobre lo que significa e implica la gestión del riesgo para ir de la teoría a la práctica, hoy más que nunca es pertinente y necesario avanzar hacia una educación y pedagogía en resiliencia. En este ejercicio resulta clave conectar la gestión del riesgo, el desarrollo sostenible, el cambio climático, la nueva agenda urbana y la acción humanitaria, como temas de una misma agenda.  Elementos claves para formar a los viejos y los nuevos líderes, así como tomadores de decisiones, desde un pensamiento crítico de la realidad que supere al tradicional, caracterizado generalmente por estar arraigado en el pasado.

Esta situación no se resuelve solamente creando un currículo para la gestión del riesgo de desastres. Tampoco incorporándolo en programas de formación formal y no formal en instituciones educativas de básica primaria, secundaria y/o de educación superior. Es más que eso. No se trata “transversalizar” el tema en los ámbitos educativos y vaciarlo dentro del modelo actual de enseñanza aprendizaje, caracterizado principalmente por un tipo de “educación bancaria”[1], tal como lo planteaba Paulo Freire. Insertarse en ese modelo escolar, limita las posibilidades y replica la alienación.  La educación tradicional en términos generales tiene una estructura rígida que no permite el diálogo. Para trabajar desde la resiliencia de manera integral, sería necesario entonces concebirla desde la totalidad de la vida cotidiana y dentro de la escuela, como objeto y contexto del currículo.

La educación y pedagogía en resiliencia deben surgir sobre las bases de una relación estrecha entre el educador-educando-educador, para transformar la realidad. La educación concebida como un acto dialógico de formación política, permite romper paradigmas, cambiar modelos mentales y salirse de la zona de confort. La educación que no está orientada de transformar a los educandos para que comprendan y transformen su realidad, no sirve finalmente. Aquí es necesario precisar que el acto de educar es mas integral que el acto de formar. Normalmente en la gestión del riesgo se refiere mas a acciones formación y muy poco a acciones de educación. Si se continúa solo en el acto de formar y no de educar, los avances en la transformación de la realidades de una comunidad en riesgo van a ser mínimos.  Mientras tanto si las acciones son educativas desde un enfoque integral y crítico de la realidad, es posible que sus efectos sean mejores y sostenibles en el tiempo, reflejándose en cambios  positivos en la realidad de las comunidades en riesgo. El acto de educar promueve el reconocimiento de la realidad y promueve la autonomía.

En uno de mis encuentros casuales con Allan Lavell, en la Conferencia Mundial de Reducción del Riesgo de Desastres de ONU, en Sendai Japón en marzo de 2015, le pregunté sobre cuál era su recomendación para los jóvenes líderes que venían tras los pasos de la Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres de América Latina, La RED, en relación con las acciones que debíamos acometer para fortalecer la reducción del riesgo desastres en los países. De todo lo que respondió Lavell, lo que más me llamó la atención fue cuando me dijo, que a pesar de los grandes avances en el posicionamiento y la adopción de un enfoque integral en las políticas mundiales y los avances en la creación de leyes en los países, él consideraba que para poder llevar esto realmente a la práctica, era necesario volver a las raíces de los planteamientos de la RED.

Comprendí entonces que era necesario volver a estudiar las nociones, métodos y prácticas sobre los cuales se soportaron sus planteamientos, debido que a pesar de que estos han sido escritos y “transcritos” en las políticas globales y de los países, considero que aún existe un vacío en la comprensión de sus planteamientos, no solo en su significado sino en su significante.Lavell plantea que para la RED, siempre la idea era la de la difusión y acogida de un método y práctica, noción y concepto, distinto a los que prevalecieron a principios de los 90. Y eso, creemos, se ha logrado. Tal logro, ya de por sí da vida a LA RED y su futuro está hoy en manos de otras generaciones, estudiosos y practicantes

Lo anterior implica que es necesario reflexionar sobre los “viejos conceptos” aún no comprendidos y que muchos creen manejar y aplicar de manera coherente.  Aún existe un reto más  importante, es el de comprender los nuevos conceptos, como el de resiliencia, que ahora muchos usan y que está de moda, pero que todavía no es comprendido en toda su dimensión. Concepto poderoso desde donde se podría explicar los conceptos “viejos”. Es como devolverse desde ahí hacia atrás. Para lograr esto es necesario, estar dispuesto a desaprender y aprender de nuevo.

Bajo esa óptica la educación y la pedagogía en resiliencia tienen como finalidad fortalecer capacidades políticas y organizativas de la sociedad, con base en el conocimiento del territorio. Es necesario catalizar una ruptura del círculo vicioso donde la comunidad se comporta y ve a sí misma desde un rol de víctima, dependiente y asistida. Implica, al contrario, tener una postura crítica la realidad para construir soluciones resilientes desde los limitados recursos endógenos. Esto permite mejorar las condiciones de vida y exigir a quien corresponda el cumplimiento de los derechos.  Es una actitud proactiva de conocimiento y reconocimiento de los deberes y derechos que potencia la autonomía, como base de la creación de resiliencia.

A pesar de los muchos esfuerzos que organizaciones internacionales, aún falta un largo camino por recorrer en la promoción del cambio de enfoque de la gestión del desastre, a la gestión del riesgo. Es común escuchar a individuos, consultores, organizaciones de diversas índoles o de entidades territoriales, referirse a los “desastres naturales”. Pareciera que los procesos de “alfabetización” conceptual sobre la temática no hubieran tenido la suficiente dispersión y alcance que se esperaba. Este proceso de divulgación de los conceptos es clave y urgente, e incluye una comprensión crítica del mundo.

Muchas de las decisiones en términos de programas, proyectos y acciones concretas en los territorios para la reducción del riesgo y el desarrollo sostenible, dependen de los modelos mentales de individuos y organizaciones. El miedo al cambio, o a que se “mueva la silla”, pueden ser algunas de las causas principales de decisiones inadecuadas. Esta actitud más temprano que tarde, incide en el mejoramiento de las condiciones del colectivo social.

Finalmente los más afectados, frente a las decisiones tomadas por los modelos mentales existentes, son las comunidades que requieren soluciones integrales y urgentes a las problemáticas del riesgo y el mal desarrollo. Son frecuentes varios tipos de obstáculos a las ideas innovadoras: los criterios personalistas, las creencias o supersticiones inmovilizadoras, las escuelas de pensamiento o de formación con ideas anacrónicas, así como las actuaciones incongruentes con la misionalidad de las organizaciones, son condiciones que pueden ralentizar o definitivamente impedir dinámicas diferentes.

Los responsables de diseñar los procesos educativos en gestión del riesgo, tanto individuos u organizaciones están llamados a reflexionar y plantearse preguntas como: ¿Cuál es la comprensión sobre el acto de enseñar la gestión del riesgo?; ¿Cuál es la comprensión del acto de aprender que se debe desarrollar en los educandos? o ¿Cuáles son las metodologías, técnicas y dispositivos pedagógicos con los que se puede apoyar el proceso educativo hacia la resiliencia?. Resolver estas inquietudes, podría servir para crear nuevas escuelas de pensamiento, sobre la base de una educación y pedagogía en resiliencia, que permita leer en texto y contexto de manera crítica, las realidades territoriales que generan el riesgo y afectan el desarrollo. Esta es la base para resolver de manera creativa y propositiva las problemáticas existentes del riesgo actual y los riesgos futuros de manera sostenible.

Observatorio Resiliencia Territorial
Centro de Pensamiento, Innovación e Investigación 
de Soluciones Resilientes




[1] Para Freire (1968) la educación bancaria: “sugiere una dicotomía inexistente, la del hombre-mundo. Hombres que están simplemente en el mundo y no con el mundo y con los otros. Hombres espectadores y no recreadores del mundo”.

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