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lunes, 16 de octubre de 2017


HABLEMOS UN POCO SOBRE EL PANICO

Todo ser humano ante una situación de peligro real o imaginaria, responde con miedo. Esta es una respuesta biológicamente congénita, nos protege como especie y ha permitido nuestra sobrevivencia. El miedo evita que cometamos actos imprudentes, nos permite evaluar la situación de urgencia y nos prepara para la lucha o para la huida. En términos generales podemos decir que sentir miedo es bueno y hasta beneficioso, pero cuando el miedo es desproporcionado y sale fuera de nuestro control nos produce "ceguera psicológica" es decir nos incapacita para evaluar el peligro en forma real y escoger la mejor alternativa para enfrentarlo o huir de él. Asimismo viene acompañado de un intento irracional de huir, de llantos incontrolados, etc.

SU POTENCIAL PELIGRO ES QUE ES ALTAMENTE CONTAGIOSO

Generalmente se presenta cuando la persona siente que esta atrapada, que es imposible escapar o que efectivamente las vías de escape se encuentren cerradas o que estas colapsen. También cuando el aire fresco es escaso como en el caso de los incendios y la persona siente síntomas de asfixia.

Otro factor potencial que puede provocar una reacción de pánico puede ser el ver a familiares o amigos cercanos morir de manera violenta o con serias amputaciones traumáticas.

El pánico es consecuencia de una búsqueda inútil dentro de nosotros mismos de la respuesta que hemos de dar ante un peligro que nos amenaza. Es un factor que agrava el riesgo individual, pues elimina toda voluntad de la persona de hacer frente al peligro.

Es muy probable que debido a la ceguera psicológica el individuo corra en la dirección opuesta a las vías de escape o intente lanzarse por alguna ventana.

FASES QUE ANTECEDEN AL PANICO

Ansiedad.-   fenómeno psicológico que se produce ante una situación de espera o de duda. Se entiende como un estado de alerta y, como tal, no tiene porqué ser negativa en sí misma, es decir, todos sentimos cierta ansiedad en el momento de tirarnos al agua, cuando se produce cualquier pequeño incidente, etc. El problema estará por tanto en el grado o la intensidad con la que se presente el episodio de ansiedad en concreto. Lo más importante ante un momento de ansiedad es que sepamos reconocerlo, de tal manera que podamos afrontar la nueva situación y adaptarnos a ella lo mejor posible. Conviene tomarnos nuestro tiempo, sin agobios. La mejor forma de reconocer un estado de ansiedad es cuando notamos que estamos teniendo una especial y constante preocupación por algo en concreto; si nota esto piense que puede estar entrando en un cuadro de ansiedad y deberá empezar a tranquilizarse para no entrar en el siguiente estado: el miedo.

MIEDO: el miedo aparece junto con la ansiedad y en muchas ocasiones van íntimamente unidos. En caso de notar que tenemos temor durante una situación de emergencia resultará fundamental que tratemos de focalizar ese miedo, una vez localizado podremos analizar la situación: con seguridad si razonamos correctamente terminaremos por dejar el miedo de lado y encontraremos otras posibles vías o salidas ante la situación que nos ha provocado ese temor. Pararse a pensar y a respirar profundamente resulta fundamental para superar cualquier temor con el que nos encontremos ya que nos permite realizar una evaluación de la situación y de las posibles soluciones con las que contamos. Tenga muy presente que parase a pensar no es nunca una pérdida de tiempo, muy al contrario, es parte necesaria de la solución.

ANGUSTIA: en este tercer estado no sólo afecta un componente psicológico sino también de tipo físico: aumenta la secreción de adrenalina y esto se refleja en nuestro ritmo cardíaco y respiratorio, se multiplica el aporte de sangre a los músculos, sudamos y las pupilas se dilatan… es como si tratáramos de mantenernos alerta ante algo que va a ocurrir irremediablemente, para poder escapar cuanto antes al igual que reaccionaría cualquier animal ante un peligro.

En estos casos resultará de vital hacer un esfuerzo adicional por controlar nuestra respiración haciéndolo despacio y profundamente, tratando de sentir la oxigenación de nuestro cuerpo tratando de relajarnos: buscamos un punto fijo, cerramos los ojos y procuramos concentrarnos para que el ritmo respiratorio se reduzca, lo que ralentizará la frecuencia cardiaca, la sudoración disminuye… así sucesivamente. En caso de notar que alguna otra persona está sufriendo un ataque de angustia, conviene obligarle a actuar de esta forma. Para ello es muy importante que note nuestro contacto, ya que eso aporta seguridad y por tanto tranquilidad. Si es posible le miraremos a los ojos y trataremos de no dejarle solo.

EL PÁNICO.- Si no somos capaces de superar las situaciones antes descritas, lo más probable es que terminemos entrando en un cuadro de pánico. El pánico aparece cuando la angustia y el miedo se llevan al límite y el individuo pierde el control sobre sí mismo, pudiendo aparecer de dos formas diferentes:

ACTIVO: la persona intenta huir cuanto antes de la situación, tratando de ponerse a salvo de algo que entiende como un peligro. Habitualmente la persona corre, grita y manotea sin control alguno. Resulta evidente cuán peligrosas son este tipo de reacciones, que deberemos parar lo antes posible. Así si observamos este comportamiento en un compañero, trataremos de retenerlo cuanto antes, evitar que corra. Resulta fundamental que lo sujetemos y trataremos de buscar el contacto ocular y hablarle para intentar transmitirle seguridad y confianza. Si no se logra aminorar el estado de pánico, debemos aislarlo inmediatamente para evitar la contaminación hacia otras personas.

No intente detener Ud. solo a alguien presa de pánico. Una persona en este estado adquiere una gran fuerza física. Se le debe abrazar y resistir sus agresiones físicas. No devuelva una agresión con más agresión; esto puede desencadenar una reacción agresiva en cadena entre otros espectadores.

Existe la posibilidad de conectarse con el individuo que tiene pánico mediante los sentidos. Aunque éstos pueden ser también bloqueados por la mente, son lo último que se cierra.

Si nos acercamos, les miramos fijamente a los ojos y más que hablarles les hablamos fuertemente y con voz autoritaria, no cabe duda que su mente recibirá nuestro mensaje y que comunicará al cuerpo lo que hay que hacer; normalmente será seguirnos.

Es inútil tratar de razonar con una persona que está bajo el efecto del pánico. Sus mecanismos de raciocinio no funcionan. Se debe dar órdenes y conducirlos fuera del lugar del peligro y de la mirada de los demás para evitar el contagio, nunca lo deje solo a pesar de que aparente estar calmado. Es preferible dejarlo en compañía de algún amigo cercano. Conforme se vaya calmando se le puede asignar pequeñas tareas de ayuda a otros, lo cual puede terminar por serenarlo.

PASIVO: en una situación de pánico pasivo el individuo se quedará catatónico, como si no tuviera capacidad de reacción, como paralizado por el miedo. Esto es sumamente peligroso y el compañero deberá actuar con cautela puesto que cualquier mínimo roce podrá provocar la entrada en una situación de pánico activo extremo. Deberemos por tanto realizar una aproximación muy lenta y cautelosa, intentado mantener constantemente el contacto visual y en cuanto podamos, agarrándole firmemente. Igualmente, en caso de que no apreciemos ninguna mejora, convendrá aislarlo.

Conviene tener muy presente que el pánico no es una enfermedad, ni tampoco una alteración exclusiva de determinadas personas, sino una consecuencia física y mental que viene provocada por una situación de profundo e intenso estrés o por un gran miedo.

COMO MANEJAR UNA SITUACION DE PANICO COLECTIVO

Nos situamos en un escenario de emergencia. Un terremoto, un voraz incendio, una amenaza terrorista, etc. En esos instantes, cuando todos quedamos aterrados, que es cuando nuestro cerebro nos pregunta, qué hacer, debemos reaccionar primero porque nosotros somos los profesionales de la protección; sabemos que no nos tenemos que quedar quietos, o alguien se nos adelantará, pero… para sembrar el pánico.

Una voz serena, fuerte equilibrada que diga sencillamente: SIGANME, POR AQUÍ, NO SE SEPAREN, es suficiente para que los que no hayan podido reaccionar porque su mente está vacía, perciban esa orden y nos sigan. Actuarán racionalmente. Siguen a una persona que sabe lo que hay que hacer.

Habrá revuelo, dudas, pero hay algo que hacer. Hemos llenado la mente de las personas y evitado el progreso hacia el pánico.

QUE HACER CUANDO CUNDE EL PANICO

Como hemos indicado cuando una persona agota en unos segundos, todo su conocimiento sobre lo que ha de hacer ante un peligro y no recibe información de fuera, se produce el pánico. Y lo que es peor, lo provoca en los demás. Nuestra obligación ahora es delicada. No es tan fácil. En primer lugar, debemos tener nervios de acero para no sucumbir, como los demás, en el temor colectivo.

Los brigadistas en medio del peligro real que ha dado lugar a la emergencia y, además, en medio de un grupo de personas dominadas por el pánico, hemos de protegernos del peligro y procurar que esas personas tampoco sufran los efectos del mismo.

Un vez que cunde el pánico y el temor descontrolado se apodera de un grupo humano es muy peligroso tratar de colocarse delante de ellos y evitar que corran; posiblemente pasarán por encima de nosotros.

La mejor táctica es asociarse a ellos, gesticular más que ellos, gritar más que ellos, si se encuentran parados nos pondremos en el medio e impulsaremos a los de adelante a seguir la dirección correcta. Así arrastraremos a los de atrás a seguirnos. Si están en movimiento, nos pondremos a la cabeza del grupo, entre las primeras filas. Si van en sentido adecuado apresuraremos el paso. Si van en sentido contrario, los conduciremos en la dirección más conveniente para que cambien el sentido de la marcha. PERO SIEMPRE EVALUANDO EL RIESGO DE LA SITUACION, YA QUE PODEMOS PERDER LA VIDA, SIN LA POSIBILIDAD DE AYUDAR AL GRUPO EN PANICO.

Una vez fuera del peligro trataremos de CALMARNOS y al mismo tiempo calmar a los demás. La mayoría se tranquilizará y empezará a preocuparse por la situación. El pánico se terminó.

Algunos tardarán más tiempo, pero para eso ya tendremos o estará cerca la ayuda profesional.

Finalmente, hay que hacer hincapié en la importancia de la preparación de las personas, de ahí el valor de los simulacros. La mejor ayuda que podemos recibir como miembros de la brigada de evacuación y que podemos brindar a las personas, está en hacer llegar a todos la forma de conducirse ante una situación de emergencia con criterios amplios, para que sean fáciles de asimilar, rápidos de recordar y útiles de aplicar.



J. RAUL CANTON Y LARA












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