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jueves, 14 de septiembre de 2017

El esqueleto de la vulnerabilidad

Siete días han pasado desde que el sismo de magnitud 8.2 fue para Chiapas y Oaxaca como un infarto fulminante para un cuerpo social muy vulnerado. Ese cuerpo padecía desnutrición, depresión por la marginación, fracturas por los conflictos laborales, arrugas por afectaciones ecológicas, temores por la violencia y la delincuencia inhumanas, tristeza ante tanta corrupción e impunidad, pero sobre melancolía por siglos de abusos económicos. Sus médicos, políticos tecnócratas, tardaron años en diagnosticar los múltiples padecimientos y siempre le ofrecieron paliativos, medicamentos genéricos y una atención simulada. Si le hubieran querido un poco… si de verdad les hubiera importado habrían prevenido este impacto fatal. Ahora se echan la culpa unos médicos a otros y el propio presidente de la República ha pronunciado que “Oaxaca es México, Chiapas es México; todos somos Oaxaca, todos somos Chiapas, y todos somos México”. Y le faltó decir que además 50 millones de mexicanos estamos igual o peor de desilusionados y pobres que los chiapanecos y los oaxaqueños.
El esqueleto de la vulnerabilidad luce a través de la prensa muy fragmentado en 98 muertos, 4 mil 500 negocios afectados, más de 40 mil viviendas chiapanecas presentan daños; solamente en Chiapas un millón 479 mil 575 personas son damnificadas en los municipios de Tonalá, Cintalapa, Parral, Venustiano Carranza, Acapetahua, Emiliano Zapata, Tuxtla Gutiérrez, San Lucas, Tapachula, Suchiate, Villa Mazatán, Pijijiapan, Comitán, Acala, Villa Corzo, Totolapa y Chiapilla; 80% de los habitantes del Istmo de Tehuantepec están damnificados, en Oaxaca se contabilizaron 800 mil damnificados en 41 municipios, principalmente en Juchitán, Unión Hidalgo, Ixtaltepec y Astata, donde hay daños en 324 escuelas públicas. En Chiapas y Oaxaca 89 escuelas deben ser reconstruidas total o parcialmente. Chiapas y Oaxaca para México el 7.6% de la población y recibían el 3.3% del PIB nacional, por ello eran dos de las entidades más pobres de un país muy rico.
Este sismo evidenció la crítica condición vulnerable, ante sismos, que padecen muchas localidades mexicanas. Pero el 80% de la población mexicana también está expuesta a otras manifestaciones naturales potencialmente destructivas como las inundaciones y los huracanes. Y cabe mencionar que en esta ocasión la Ciudad de México se escapó de un gran desastre por factores técnicamente explicables. Pero la megaurbe padece un cuadro clínico similar al que derrumbó a Oaxaca y Chiapas, compuesto de políticas oportunistas, corrupción, impunidad, simulación, negligencia, discursos ilusorios, negocios ilícitos, obra pública inadecuada y otros males. Quienes consideran que salió barato el sismo se equivocan absolutamente, porque es terrible todo lo que ha ocurrido y es lo que entre especialistas se denomina un gran desastre.
La siguiente semana acudiremos a consulta anual para ver cómo estamos después de 32 años de un desastre que en 1985 puso a prueba a la Ciudad de México. Tuvo que ocurrir un desastre ahí, en un sitio inocultable, para que los funcionarios públicos tomaran la decisión de crear un Sistema Nacional de Protección Civil, pero es tiempo de transformar ese modelo en un Sistema Nacional de “Prevención” Civil, con un enfoque de Gestión Integral de Riesgos y Desastres moderno, porque el actual sistema ni protege ni previene, la evidencia inobjetable es que cada año se presentan más desastres. Es tiempo de actualizar el equipamiento mecánico y humano, vincular la práctica con la teoría, deshacernos de los fierros viejos y las ideas obsoletas, fortalecer la sistematización de datos, el cálculo científico, la experiencia cualitativa, el enfoque interdisciplinario y aplicar las leyes y reglamentos que son violados por funcionarios, empresas e individuos durante el proceso de construcción de los riesgos y los desastres que vemos en los múltiples diagnósticos que existen y que gradualmente se convierten en un indignante esqueleto.

*Periodista, historiador y antropólogo, especialista en riesgos y desastres, Universidad de Colima. Email: rpadilla@ucol.mx
Publicaciones recientes: https://ucol.academia.edu/Raypadillalozoya 

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