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martes, 1 de agosto de 2017

NIEGO LOS #30añosdeProtecciónCivil QUE AFIRMA EXISTEN LA COORDINACIÓN NACIONAL DE PROTECCIÓN CIVL DE LA SEGOB

“Se presume ignorancia, si no se prueba ciencia.”
“Principio General del Derecho”


En el artículo de hoy, quiero refutar el dicho de la Coordinación Nacional de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, quien afirma que en México existen 30 años de protección civil.

En primer lugar quiero aclarar, que estoy de acuerdo en que el SINAPROC cuenta hoy en día con 31 años de existencia; pero afirmo categóricamente que hay protección civil y gestión del riesgo desde hace muchos años más.

Para lo anterior, me permito retomar un poco de la historia del SINAPROC que ya han plasmado algunos compañeros en este blog, al tiempo que pasaré a explicar mi opinión sobre la existencia previa de gestión del riesgo y protección civil antes del surgimiento de nuestro agente regulador mexicano por excelencia.

Hace 31 años nació en México el Sistema Nacional de Protección Civil; su nacimiento se da por medio de un decreto presidencial que contiene las Bases para el establecimiento del Sistema Nacional de Protección Civil, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 6 de mayo de 1986.

¿De dónde surgen estas bases? El 9 de octubre de 1985, el entonces Presidente de la República, Lic. Miguel de la Madrid Hurtado, acuerda la creación de la Comisión Nacional de Reconstrucción con el fin de dirigir adecuadamente las acciones de auxilio a la población damnificada por los sismos ocurridos los días 19 y 20 de septiembre de 1985 que afectaron la Ciudad de México; así como sentar las bases para establecer los mecanismos, sistemas y organismos para atender mejor a la población en la eventualidad de otros desastres, incorporando las experiencias de instituciones públicas, sociales y privadas, de la población científica y de la población en general.

Dicha comisión se estructuró en seis comités, uno de los cuales fue el de “Prevención en Seguridad Civil” en el cual de manera colegiada se realizaron los trabajos y discusiones que llevarían a la construcción de las Bases para el establecimiento del Sistema Nacional de Protección Civil. Estas como ya se mencionó, cumplieron ya 31 años de haber sido publicadas en el Diario Oficial de la Federación el 6 de mayo pasado.

El día 6 de mayo del año 2016, con la intención de conmemorar 30 años del surgimiento del SINAPROC, la Coordinación Nacional de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, Coordinadora Técnica del Sistema Nacional de Protección Civil, creó el hashtag #30anosProteccionCivil en la red social Twitter, con lo que se pretende señalar que la Protección Civil en México se reducía únicamente a los últimos 30 años.

Definitivamente no estoy de acuerdo; la Protección Civil en el área geográfica de los que hoy es México tiene mucha más historia y realidades que los que contienen los últimos 30 años y ahora 31 años.

La historia de las calamidades en el actual territorio mexicano es muy amplia; las propias Bases para el establecimiento del Sistema Nacional de Protección Civil hacen referencia en sus “antecedentes históricos” a la presencia del hombre en el territorio nacional desde hace más de 20 mil años y explica que se tienen registros documentados de hace 5 mil años; así mismo explican que los cientos o miles de pobladores de esta región, sufrieron eventos similares a los que ahora nos impactan y que nuestros antepasados le daban un explicación mítica, aunque a mi parecer era teológica. El no querer leer el contenido del documento que le da origen al SINAPROC resulta una arrogancia de tal magnitud, como si nosotros dijéramos que no descendemos de los mexicas y solamente en nuestra sangre corre la vena europea.

Las mismas Bases para el establecimiento del Sistema Nacional de Protección Civil señalan que Cuicuilco, el sitio antropológicamente conocido como el primer centro ceremonial del altiplano, cuyas ruinas se encuentran al sur de la CDMX, fue parcialmente destruido por la erupción del volcán del Xitle, la cual cubrió de lava la porción suroeste de la cuenca, y con ello el primer centro con arquitectura monumental en el área.

Así mismo en los años mil 500 D.C. en el altiplano central florece la cultura teotihuacana, la cual después de un milenio y al paso de la construcción de su propio riesgo, sucumbió ante el fenómeno sociorganizativo que constituyó el hacinamiento enorme de población que acabó con los recursos locales deteriorando las tierras agrícolas y los espacios forestales, reduciendo substancialmente la capacidad de la tierra para soportar a la población, provocando su abandono.

Similares suertes sufren las ciudades mayas de Palenque, Yachilan, Bonampak, Tikal y Usaktum, quienes construyen sociorganizativamente su riesgo, agotan sus recursos y abandonan sus ciudades.

Tula, la gran capital tolteca del altiplano es impactada por una fuerte y larga sequía que provoca que socialmente entre en crisis y por lo cual es parcialmente abandonada y posteriormente atacada y destruida por los bárbaros.

Ahora vayamos a la Gran México-Tenochtitlán: la capital de los mexicas se construyó sobre dos islotes situados en la parte occidental del lago de Texcoco, que recibió el nombre de laguna de México, separados esos islotes por una zanja o acequia que corría de oeste a este. La ciudad del norte se llamó Tlatelolco y la del sur recibió el nombre de México-Tenochtitlan. Se comunicaban con tierra firme por medio de cuatro grandes calzadas.

La primera inundación de la ciudad ocurrió en 1449, gobernando Moctezuma Ilhuicamina, quien por consejo de Nezahualcóyotl construyó una albarrada o cerca de tierra, formada con tierra y piedra, que tenía compuertas para regular la entrada y salida de las aguas. Por el sur, los mexicas levantaron otros diques, también dotados de compuertas, que dividían los lagos de Xochimilco y Chalco. Dígase lo que se diga, esta es una obra de gestión correctiva- prospectiva del riesgo cuya finalidad es reducir un peligro ¿no es esto protección civil?

Una segunda inundación que causó graves estragos tuvo lugar en 1498. Pero es muy importante señalar, que contra lo que se cree, los mexicas jamás intentaron secar el lago, por lo contrario, convivían ecológicamente con él, de ahí se alimentaban, en él comerciaban y se comunicaban, en él cultivaban a base de “chinampas”, tenían una relación de respeto hacia lo natural; sobre el particular sin embargo, como recordaba el gran geógrafo prusiano Alexander von Humboldt[1], “acostumbrados a moverse en canoas, los mexicas nunca tuvieron en su mente sacar las aguas del valle sino en todo caso contenerlas”; esto lo hacían mediante diques-calzadas y albarradones, como el ideado por Nezahualcóyotl.

En 1521, durante el asedio de la ciudad por Hernán Cortés, se inició la destrucción de este albarradón[2], (al destruirlo atraerían inundaciones al nuevo asentamiento “La Nueva España”) al que se abrieron varios boquetes para dejar libre el paso de los bergantines construidos para navegar entre las lagunas de Texcoco y de México.

En los comentarios históricos del maestro Manuel Orozco y Berra podemos observar como por primera vez los mexicas producen organizadamente una obra de reducción del riesgo con los albardones que construye Nezahualcóyotl. Esta acción constituye una primitiva forma de gestión del riesgo y de protección civil por lo que no puede hablarse de que ésta se limita únicamente a los últimos 30 años de nuestra era.

Regresando al capítulo de antecedentes históricos de las Bases para el establecimiento del Sistema Nacional de Protección Civil, nos encontramos que la conquista española, independientemente del matiz militar que obviamente tiene, estuvo apoyada por un fenómeno Sanitario-Ecológico que contribuyó a la derrota del pueblo mexica a manos de los españoles. En efecto los españoles trajeron a América enfermedades virales desconocidas; estas diezmaron terriblemente al pueblo mexica. En años subsecuentes se pudo determinar que de un millón y medio de habitantes indígenas en la Gran México-Tenochtitlán en 1519 se redujo a 70 mil en las décadas siguientes, presentándose epidemias recurrentes.

Vayamos ahora a la época colonial: la primera gran inundación durante este periodo ocurrió el año de 1555, gobernando el virrrey Luis de Velasco, "el Viejo". Un cronista de la época lo anotaba así: “el 17 de septiembre de 1555 comenzaron los aguaceros diluviales que inundaron México y que derrumbaron muchas casas de la gente de México. Otros muchos a quienes el agua tapó las casas, tuvieron que abandonarlas, así como sus tierras”. La primera medida que adoptó el virrey Velasco fue construir una albarrada, que se llamó de San Lázaro, en realidad un gran muro de piedra, que daba la vuelta a la ciudad y sustituyó el “albarradón”, bastante deteriorado en esta época, ideado por Nezahualcóyotl. Esto es gestión prospectiva-correctiva del riesgo, más protección civil ¿o no?

Pronto se darían cuenta las autoridades virreinales que el problema no se resolvía con una simple política de contención, sino que era necesario aplicar medidas más drásticas.

Nuevamente nos encontramos con medidas de mitigación del riesgo que se proyectaron y ejecutaron hace más de 200 años ¿cómo no considerarlas acciones de protección civil? ¿no lo son solamente porqué no se realizaron con posterioridad a la fundación del SINAPROC?

Continuémos con los proyectos coloniales que se ejecutaron para mitigar el riesgo y que tal vez derivó en la construcción del actual riesgo tiene la Ciudad de México. El primer proyecto que incluye la necesidad del llamado “desagüe del Valle de México” fue obra del español Francisco Gudiel, que lo formuló a finales de 1555. En opinión de Gurrea, se adelantó a Humboldt en más de 200 años, porque “no sólo propuso el desagüe general del valle sino también el aprovechamiento de sus aguas. Era necesario controlar las aguas para usarlas a conveniencia, en el regadío de las tierras de labor y en la navegación”. ¿No es esto la prospección correctiva del riesgo cuyas acciones pretenden mitigar, corregir, reducir o transferir el riesgo de desastre existente? Insisto ¿solamente vale lo que se ha hecho en los 31 años del SINAPROC?

Gudiel consideró que “a la laguna entran muchos ríos y arroyos que los diques y albarradas son remedios pasajeros que para atacar el problema en su origen no se debe permitir que entren las aguas del Cuauhtitlán en la laguna de Zumpango y ésta en la de San Cristóbal, que a su vez desagua en la de Tetzcoco y ésta en la de México que la solución es desviar el Cuauhtitlán y hacerlo desaguar a ciertas quebradas de Huehuetoca e ir a parar al río de Tepexi, que va al mar que haciéndose las acequias hasta Huehuetoca, podrán ir desde esta ciudad canoas y bergantines que podrían proveer de cal y de muy buena piedra y demás mantenimientos”.

La ausencia de grandes lluvias en los años siguientes, unida a la resistencia del cabildo, que se negaba a pagar las obras, hizo que este proyecto se olvidara durante muchos años (no estamos hablando de la actualidad, nos referimos a hace 200 años). Veinticinco años más tarde, el jesuita Andrés Cavo relata estos hechos: “El año de 1580 es notable en la historia, por la abundancia de lluvias que hubo en México y que hicieron salir de madre aquella laguna con tanto daño de la ciudad, que por muchos días estuvo inundada. El virrey mandó convocar el ayuntamiento y en esta junta se resolvió que se hiciera un desagüe a las lagunas que rodeaban a México y se señaló por lugar los bajos de Huehuetoca. Pero habiendo cesado las lluvias y la agua vuelto a su nivel, no se volvió a parlar de este proyecto” (las lluvias atípicas que tanto mencionan nuestras autoridades federales en su defensa cuando ocurre un desastre, ya eran típicas desde antes de la llegada de los mexicas y los españoles al vale).

Fue necesario llegar a 1604, cuando se produjo una inundación que anegó los barrios bajos durante más de un año y ocasionó el derrumbe de numerosas casas, para que se solicitaran nuevos informes y propuestas de solución. El virrey Juan Manuel Hurtado de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros, trató de recuperar el proyecto de Francisco Güemes, pero la oposición de la audiencia y del ayuntamiento impidieron su aprobación. Las obras hechas se limitaron a la reconstrucción de los “albarradones” erosionados con el paso del tiempo.

En 1607 la Corona llamó a Luis de Velasco hijo, que se había retirado a vivir en Azcapotzalco, para gobernar el virreinato en substitución de Montesclaros. El nuevo virrey, consciente de la gravedad de la situación, insistió en que se convocara a cuantos fueran capaces de plantear nuevas propuestas y, entre los proyectos presentados, se eligió el de Enrico Martínez, geógrafo, ingeniero e impresor, que había llegado a Nueva España en 1590. A partir de este momento se inició la formidable operación de horadar las montañas que rodean el Valle de México, para expulsar el sobrante acuífero de las frecuentes lluvias y el aumento del caudal de los ríos del Valle.

Consistía en dos partes: horadar mediante un largo túnel (socavón en los textos de la época) las montañas, para desviar el caudal del río Cuautitlán, impidiendo su vertido en la laguna de Zumpango, y además, abrir un amplio tajo a cielo abierto, que desde Huehuetoca llevara las aguas a Nochistongo y el río Tula. El virrey Velasco inauguró estas obras personalmente a finales de 1607. A partir de entonces, con mejor o peor fortuna, todos los virreyes de Nueva España tuvieron que intervenir en el desarrollo y control de estas obras, que exigieron considerables recursos y mano de obra. Tampoco estuvieron exentas de controversia y de críticas, en las que llegaron a intervenir directamente las autoridades de la Corte. Felipe III envió desde Europa al ingeniero Adrián Boot, que llegó a México en 1614 y obligó a corregir los errores cometidos por Enrico Martínez.

Hasta aquí, tenemos una obra de reducción del riesgo que trascendió gobiernos y el tiempo, obra de protección civil de gran envergadura y de largo aliento, cómo ya venía ocurriendo. ¿Tenemos elementos para seguir negando la preexistencia de la protección civil antes del decreto que contiene las Bases para el establecimiento del Sistema Nacional de Protección Civil de 6 de mayo de 1986 tal y como pretende la Coordinación Nacional de Protección Civil de la SEGOB que creamos?

Continuemos con el análisis, en 1623 Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, marqués de Gelves, suspendió las obras, que no se reanudaron hasta 1637, siendo virrey Lope Díaz de Armendáriz, marqués de Cadereyta, después de las catastróficas inundaciones de 1627, 1629 y 1634.

Consternado el virrey por la situación de la ciudad decidió que se trabajara en el tajo a cielo abierto, intensificándose la limpieza general de las acequias. Nombrado superintendente general fray Luis Flores en 1637, dirigió los trabajos con relativo éxito durante más de veinte años. Poco después, al llegar a Nueva España el virrey Antonio Sebastián de Toledo, Molina y Salazar, marqués de Mancera (fue el primer Mancera que gobernó esta ciudad), decidió proseguir las obras y en 1665 ordenó el nombramiento del franciscano fray Manuel Cabrera, gracias a cuya labor"se salvó la ciudad de las intensas lluvias de 1674".

Sin embargo, el enfrentamiento de fray Manuel con el virrey arzobispo Payo Enríquez de Ribera se saldó con el destierro del franciscano, acusado de obrar con lentitud y de oponerse a los planes del arzobispo. Las inundaciones posteriores confirmaron la improcedencia de esta medida. Como vemos, ya desde entonces se echaban culpas, como hasta ahora ocurre.

Afortunadamente, la llegada del virrey Melchor Portocarrero Lasso de la Vega, conde de la Monclova, supuso la reposición de fray Manuel, que confirmado en 1688 por el virrey Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, conde de Galve, pudo llevar a cabo una limpieza general y la reanudación de las obras del desagüe hasta su muerte, ocurrida el año de 1691.

Uno de los virreyes que más interés demostró por la continuación de los trabajos fue Juan de Acuña, marqués de Casafuerte, bajo el reinado del primer rey de la casa de Borbón. A lo largo del siglo XVIII continuaron y se ampliaron las obras públicas, por lo que a la de Huehuetoca se añadieron las que tenían como finalidad mejorar y consolidar la traída de agua potable, con destino a la creciente población de la Ciudad de México.

"Las inundaciones más graves ocurridas a lo largo del siglo fueron las de 1707, 1714 (consecuencia de un terremoto)", 1747 (que trató de contener Francisco de Güemes y Horcasitas, primer conde de Revillagigedo, con la ayuda del ingeniero Tres Palacios), 1764 y 1792.

En 1767 el científico José Antonio Alzate presentó un ambicioso proyecto, que continuaba en la línea del olvidado Gudiel, pero la llegada del nuevo virrey Carlos Francisco de Croix, marqués de Croix, flamenco y buen conocedor del problema de las inundaciones, obligó a replantear la situación y tras varios estudios e informes se decidió continuar las obras “a tajo abierto”, descubriendo las bóvedas de los túneles primitivos y ensanchando las zanjas ya hechas. Su realización se concedió por subasta al Tribunal del Consulado de México, que prosiguió las obras hasta su entrega en 1789. Que no debían estar concluidas definitivamente, quedó patente porque “en 1792 cayeron tan fuertes aguaceros que la ciudad se anegó en muchas de sus principales calles”. En los últimos años de aquel siglo se realizaron algunos canales cercanos a la ciudad, en los que intervino eficazmente el ingeniero Tres Palacios.

Humboldt, que visitó las obras acompañando al virrey José de Iturrigaray en 1804, añadió este comentario en sus informes: “Cuando se estudia la historia de estas obras se observa una continua irresolución de parte de los gobernantes y una fluctuación de opiniones e ideas una impetuosa actividad cada quince o veinte años, cuando los lagos amenazaban salir de madre y lentitud y culpable descuido una vez pasado el peligro. En el espacio de dos siglos se ha estado titubeando entre el sistema indio de diques y el de canales de desagüe, entre el proyecto del socabón (túneles) y el del tajo abierto. Se dejó arruinar la galería de Martínez porque se quiso horadar otra más ancha y profunda; se descuidó el tajo de Nochistongo porque se pensó el proyecto de un canal de Texcoco, que jamás llegó a ponerse en ejecución. En su estado actual, sin embargo, es una de las obras hidráulicas más gigantescas que han ejecutado los hombres”.

Los virreyes del siglo XIX, obligados a enviar todos sus recursos a la Corte o agobiados por la explosión de la insurgencia, encargaron a los Tribunales del Consulado y al de Minería que llevaran a cabo algunas obras complementarias, del que por entonces se llamó “Gran Canal” o “Canal del Desagüe”, "lo que no impidió la inundación de 1819, que convirtió a la Villa de Guadalupe en una verdadera isla".

En el México independiente, el “Desague de Huehuetoca”, convertido en proyecto nacional, en el que intervino con interés y eficacia el secretario de Relaciones Lucas Alamán en las décadas de 1820 y 1830, tuvo que soportar los altibajos propios de una política contradictoria y vacilante -cómo la que normalmente ocurre en Protección Civil en la actualidad con los cambios democráticos de poder en todos los órdenes de gobierno-.

En 1844 el norteamericano Mayer comentó: “Este desagüe y los acueductos que abastecen a la ciudad son las únicas obras verdaderamente grandiosas que existen en el país. Todas ellas se deben a la energía del antiguo gobierno español, que, en sus obras de bien público, en que iban unidas la elegancia y la comodidad, emuló la magnificencia de los romanos”.

Correspondería a Porfirio Díaz, el 17 de marzo de 1900, la inauguración oficial del que ahora se llamó “Gran Canal” y de todo el sistema del desagüe general de la cuenca de México. Se realizaba de este modo la vieja utopía del siglo XVI, retomada por el “pofiriato” en 1884 y que unía los proyectos más recientes, el “Tajo” de los años 1870, el “Túnel” encargado en 1889 a un contratista extranjero y el “Gran Canal”, de casi 50 kilómetros, que se concluyó en 1895 bajo la supervisión de la Junta Directiva del Desagüe del Valle de México.

Estas obras hidráulicas, tienen un espíritu total y absolutamente de protección civil mediante la gestión integral del riesgo; que como vemos ya existía desde hace casi 500 años; el qué la Coordinación Nacional de Protección Civil de la SEGOB no tenga una visión histórica  no anula o extingue los efectos de protección civil que produjeron y siguen produciendo con o sin el Sistema Nacional de Protección Civil.

Sin embargo es muy discutible y materia de otro análisis si estas obras, que empezaron desde los mexicas (insisto ellos no pretendían desecar el lago), continuaron los españoles, el México independiente y continúan realizándose hasta la actualidad por medio del drenaje profundo, son obras que redujeron el riesgo de inundación y lo transfirieron al riesgo sísmico y sociorganizativo.



Por otra parte:

¿Son o no son las actividades realizadas por la Cruz Roja Mexicana por más de 100 años actividades de Protección Civil? Claro que lo son. 

Analicemos este ejemplo institucional y organizado de Protección Civil previo al SINAPROC la Cruz Roja Mexicana, cuya historia se resume así:

1898: La Cruz Roja Española solicita al gobierno mexicano información acerca de las relaciones entre las instituciones y las asociaciones de asistencia pública con las unidades de sanidad militar.

1907: El Presidente, General Porfirio Díaz, expidió el decreto por el cual México se adhiere a la Convención de Ginebra de1864 para el mejoramiento de la suerte de los heridos y enfermos de los ejércitos en campaña.

1909: El 5 de junio se define la primera mesa directiva provisional de la Cruz Roja Mexicana.

1909: Los días 27 y 28 de agosto, la ciudad de Monterrey se ve envuelta en una tromba que afectó a más del 50% de la población, con un gran número de víctimas y damnificados. La ayuda parte de la Ciudad de México el 3 de septiembre, al frente de la brigada y como responsable de los socorros se designó al Dr. Fernando López y a su esposa la Sra. Luz González. Los acompañan un grupo de damas altruistas. Constituyeron la primera brigada de auxilio que abanderó el emblema de la Cruz Roja en nuestro país.

Los esfuerzos de los primeros voluntarios, y particularmente el empeño de la Sra. Luz González Cosío de López se vieron coronados cuando el Gral. Porfirio Díaz expide el Decreto Presidencial No. 401 con fecha del 21 de febrero de 1910, en que se le da reconocimiento oficial a la Cruz Roja Mexicana, aunque en sus estatutos se le denominaba la Asociación Mexicana de la Cruz Roja; este decreto entra en vigor con su publicación en el Diario Oficial de la Federación del 12 de marzo del mismo año. El 26 de abril se nombra la primera mesa directiva oficial.

Así también:

¿Son o no son las actividades de Protección Civil las realizadas por más de 100 años por los Bomberos de la CDMX ? Claro que lo son.

Otro ejemplo más de instancias centenarias de Protección Civil lo es el Heróico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México, cuya historia resumimos así:

Segundo Imperio: Al inicio del Segundo Imperio, en 1863, la Asamblea de Notables y Junta Superior de Gobierno, pide a Napoleón III de Francia, que mandará un noble europeo para gobernar la bomba de vapor traída de Bélgica para uso de los Bomberos-Zapadores.

Contradictoriamente, 2 de las bombas que existían en 1864, se continuaban utilizando en actividades como riego del parque de la Ciudad (hoy, Alameda Central) y limpieza de los edificios del ayuntamiento.

Durante ese año se pidió a los dueños de las edificaciones más importantes, tomar medidas previsoras en caso de incendios como lo establecía la ley, siendo el dueño del teatro Iturbide (hoy Asamblea Legislativa del D. F.), uno de los tres primeros en recibir esta notificación.

Tras la persistente ocurrencia de incendios en la Ciudad, el 11 de Febrero de 1864 el Emperador Maximiliano de Hasburgo, decreta un Reglamento Contra Incendios, en el que se mencionaba que la población debería ayudar a tomar medidas de seguridad para prevenir incendios o en determinado caso extinguirlos; se establece la responsabilidad jurídica y laboral del bombero. Este reglamento se publica el 27 de febrero del mismo año.

Restauración de la República: El 20 de diciembre de 1867, después de haberse realizado los comicios, el Congreso declara Presidente Constitucional de la República Mexicana al Lic. Benito Juárez, quien promulga un Decreto de la Compañía de Bomberos.

Con el propósito de conocer las disposiciones existentes con relación a los incendios, en 1867, la Obrería Mayor solicitó del ayuntamiento los primeros Bandos que tratan este asunto y así poder cumplirlas cabalmente.

El Diario Oficial del 20 de marzo de 1871, se publica en la sección “Gacetilla”, una serie de disposiciones encaminadas a la formación de una Compañía de Bomberos profesional, integrada por la Guardia Civil Municipal, la adquisición de bombas y otros utensilios. Se le informa al entonces Gobernador del Distrito Federal al C. Castillo Velasco, que, por orden Presidencial, el Ayuntamiento es responsable del combate y control de incendios. En su punto número 3 dice:

“La formación de una buena compañía de bomberos hace en México mucha falta como lo hemos podido comprender en varios casos de incendios que últimamente se han presentado. En nuestro concepto, a la vez que el Ayuntamiento se ocupe de esto, debe pensar también en el modo de tener llaves de agua en todas las esquinas de las calles o en muchos lugares céntricos de la ciudad: nada se hace con tener bombas y bomberos, si al ocurrir el fuego, es preciso ir a buscar el agua a una larga distancia. Al decir el Gobierno que la Compañía de Bomberos de forma de la Guardia Civil Municipal, ha querido buscar las mejores garantías de orden y moralidad para los momentos en que todo es sobresalto y confusión. En algunas poblaciones de los Estados Unidos y Europa, los jóvenes más distinguidos forman las Compañías de Bomberos. Tal vez en México pudiera lograrse esto, porque nada hay tan filantrópico y digno como acudir a apagar un incendio, salvando de la destrucción y del pillaje las propiedades y las personas. Nada se logra con tener un sólo Cuartel de Bomberos en una Ciudad tan grande como México, todo incendio es fácil de ser apagado en sus principios y en ocasiones toman incremento por el tiempo que tarde en llegar al punto de la emergencia los Bomberos. Para evitar este mal sería bueno, que, aunque hubiese un Cuartel Central de esta Policía, se sitúan algunas bombas de barrio, que acudirán al momento a los lugares incendiados. Como a veces por la desidia o la mala fe de algunos ciudadanos, los fuegos crecen de una manera alarmante, debería castigarse de algún modo a todo el que dejara de dar parte de un incendio a los bomberos más cercanos, con la debida actividad. Hoy existe una Casa de Seguros en México, y es probable que contribuya con alguna cantidad para creación y sostenimiento de unos Cuerpos bien reglamentados para apagar los fuegos”.

Sin embargo, es hasta el 22 de febrero de 1873, en el puerto de Veracruz, donde se formó oficialmente el Cuerpo de Bomberos de aquella ciudad, considerado oficialmente, el primero y por tanto, el más antiguo a escala nacional; cuyo fundador y pionero fue el distinguido filántropo de la labor de bomberos profesionales en nuestro país, el C. Don Domingo Bureau, 1er. Capitán y Jefe de Corporación.

En ese mismo año, el Superintendente de Propios y Rentas de la Ciudad de México, Don Francisco Leandro de Viana publica un Reglamento Providencial contra Incendios para la Ciudad, que entra en vigor a partir del 29 de octubre de 1873.

Es hasta el 20 de diciembre de 1887, por orden del Gobernador del Distrito Federal General de División Don Carlos Pacheco, que son comisionados 15 gendarmes y auxiliares, bajo el mando del Ingeniero Leonardo del Frago, contando con instalaciones en el edificio de la Contaduría Mayor de Hacienda ubicada en la planta baja del Palacio Nacional. Acaecimiento, que se considera la fundación del Heroico Cuerpo de Bomberos del Distrito Federal; es necesario mencionar que hasta el 1º de Julio de 1889, cuando la Corporación pasó a formar parte Ayuntamiento, al pasar su primera revista administrativa.

Finalmente:

Hay muchos más ejemplos, pero por hoy cerraremos con el producto estrella de la Secretaría de la Defensa Nacional en el auxilio a la población en caso de desastre, el Plan DN-III-E (quién por lo que vemos tampoco le es reconocida su labora en el auxilio a la población por la Coordinación General de Protección Civil de la SEGOB a su mano operativa), aquí tenemos su historia de 50 años:

Luego de iniciada la Segunda Guerra Mundial el Ejercito Mexicano llevó a cabo una serie de modificaciones en miras de volverlo un instituto armado moderno, entre esa serie de acciones, la de implementar planes estratégicos en miras de minimizar las consecuencias de diferentes acciones que pusieran en riesgo la seguridad nacional fueron las más importantes, es así como nacen los Planes de Actuación, los cuales son modificados en 1966 convirtiéndose en los Planes de Defensa, los cuales cubrían desde el caso de una guerra extranjera, hasta el caso de una situación desastrosa entre la población, es así como se crea el Plan Director de Defensa Nacional No. III el 18 de septiembre de 1965, del cual se desprende el anexo E con el título de Plan de Auxilio a la Población Civil en Casos de Desastre conocido por sus siglas DN-III-E “popularmente DN-Tres”.

El DN III E se implementa por primera vez al año siguiente en un desbordamiento del río Pánuco, este sistema de protección se mantuvo durante los siguientes años, pero internamente se le denominó y baso en otros documentos, pero por la gran popularidad que había ganado el nombre entre la población civil, se le mantuvo con el nombre de Plan DN-III-E.

Por supuesto que el Plan DN III E es un producto de protección civil institucionalmente organizada anterior al SINAPROC.

CONCLUSIONES:

  1. La Protección Civil Mexicana tiene más que #30añosProtecciónCivil y no se limita únicamente a los 31 años de existencia del Sistema Nacional de Protección Civil.
  2. En efecto, hay claras evidencias de que en el territorio geográfico de lo que hoy es la República Mexicana al menos en los últimos 500 años ha habido notables esfuerzos sociales e institucionales cuya finalidad es la gestión del riesgo y la protección civil.
  3. Negar lo anterior sería tanto como negar la existencia de vida en la tierra y solamente limitar a esta al surgimiento de la raza humana.


Muchas gracias y nos vemos dentro de 15 días con un nuevo blog.

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Bibliografía:
  • Bases para el establecimiento del Sistema Nacional de Protección Civil; 6 de mayo de 1986.
  • OROZCO Y BERRA, M. Historia de la dominación española en México. México, Antigua libreria Robredo, 1938.
  • GURRÍA LACROIX, J. El desagüe del valle de México durante la época novohispana. México, UNAM, 1978.
  • LEMOINE VILLICAÑA, E. El desagüe del valle de México, durante la época independiente. México, UNAM, 1978.
  • Manuel Ortuño. Tecnología hidráulica
  • http://cruzrojamexicana.org.mx/?page_id=140
  • http://www.bomberos.df.gob.mx/wb/hcb/historia_de_los_bomberos_en_el_distrito_federal_y_
  • http://www.todopormexico.org/t740-plan-dn-iii-e





[1] Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr von Humboldt (Berlín, 14 de septiembre de 1769 - 6 de mayo de 1859), mejor conocido en español como Alejandro de Humboldt, fue un polímata: geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador prusiano, hermano menor del lingüista y ministro Wilhelm von Humboldt. Es considerado el «padre de la geografía moderna universal». Fue un naturalista de una polivalencia extraordinaria, que no volvió a repetirse tras su desaparición. Sus viajes de exploración le llevaron desde Europa a América del Sur y del Norte hasta Asia Central. Se especializó en diversas áreas de la ciencia como la etnografía, la antropología, la física, la zoología -especialmente en ornitología-, la climatología, la oceanografía, la astronomía, la geografía, la geología, la mineralogía, la botánica, la vulcanología y el humanismo.
[2]Y con ello los españoles al destruir esta obra de mitigación que protegía a la Gran México-Tenochtitlan, directamente construyeron el riesgo de inundación que durante los dos siglos siguientes asolaría a la Nueva España.

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