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Difundiendo temas relacionados a la Protección Civil gracias a la colaboración de más de 20 especialistas en el área.

jueves, 27 de julio de 2017

¿Qué harías si mañana temblara?


El título de este blog tiene la intención de hacer una reflexión con motivo del próximo aniversario de los sismos de 1985.  Si bien aún faltan dos meses para que se cumplan 32 años de su ocurrencia, el riesgo sísmico en nuestro país es muy alto y es permanente.  El conocimiento actual sobre el fenómeno no nos permite saber el día y la hora del próximo gran temblor, pero algún día ocurrirá.

Continuaré recordando esos temblores, dos sismos, de magnitud 8.1 y 7.6 respectivamente, encontraron una población vulnerable y sin estar preparada para afrontar el severo movimiento de la tierra, encontrando así las condiciones propicias para provocar el desastre del que muchos de nosotros fuimos testigos.

Para todos, como nación, este evento representa un antes y un después en la historia moderna de México. Y es a partir de ese evento lo que ubicó a la protección civil como un tema en la agenda pública y en la sociedad.

Para quienes vivimos de cerca esos momentos, se mantiene en nuestras memorias las imágenes y las desgarradoras historias de aquellos días. Quienes no lo vivieron y las nuevas generaciones particularmente, quizá no dimensionan el impacto y lo qué un sismo de gran magnitud representa.

Que la tragedia nos convierta en un México nuevo, pero para mejor”, así se leía la contraportada del Periódico La Jornada en septiembre de 1985, quien publicó las crónicas de Elena Poniatowska sobre el terremoto, a través de las cuales describe las circunstancias y sentimientos de las personas que sufrieron la tragedia: “Caminando entre los escombros, hablando con la gente, presenciando el dolor, la miseria y por irónico que parezca la grandeza en esas circunstancias en las cuales la sociedad se volcó solidariamente para auxiliar”.

Casi 32 años han pasado, 32 años que hemos tenido la oportunidad de reducir el riesgo que representan los sismos en nuestro país, sin embargo, es necesario reflexionar si ¿es suficiente lo que hasta ahora se ha logrado?, ¿podemos afirmar que, en caso de ocurrir otro sismo de gran magnitud, el impacto sería menor? ¿hemos invertido los recursos suficientes para evitar un desastre como el de 1985 y sus implicaciones económicas, sociales y políticas?

Nuestro país, por encontrarse ubicado en el cinturón de fuego del Pacífico, es propenso a la ocurrencia de estos movimientos de tierra. Ha temblado en el pasado y seguirá temblando.

Del año 1900 al año 2015 ocurrieron 82 sismo de magnitud 7 y mayores. Esto significa que en promedio cada 1.4 años ocurren en nuestro país algún sismo de gran magnitud con potencial destructivo.

De acuerdo con los especialistas, existe el potencial de sismos de gran magnitud en el Pacífico Mexicano.

Sin temor a equivocarme, la cultura de la prevención es aún incipiente y limitada. Lo peor que podemos hacer es evadir una realidad, evadir el problema y decir que a nosotros no nos va a pasar.

Las tareas pendientes:

Lo primero es estar conscientes de que vivimos en un país donde el peligro sísmico es alto, debemos conocer nuestros riesgos y nuestras vulnerabilidades, así como contar con una percepción adecuada del riesgo que representan los sismos, que nos haga modificar hábitos y conductas para reducir nuestros riegos y convertirnos en una sociedad resiliente.

Es necesario entender que los desastres son resultado de la incapacidad de la sociedad de ajustarse y adaptarse adecuadamente a su entorno propiciando una alta vulnerabilidad frente a fenómenos naturales a los que está expuesta.

Por ello a partir del conocimiento de los peligros a los que estamos expuestos y las vulnerabilidades debemos orientar acciones para evitar la generación de nuevos riesgos. Los nuevos desarrollos, las nuevas construcciones deben considerar el riesgo de desastre para evitar que se conviertan en los desastres del futuro.

Vivir seguros significa tener capacidad de gestionar nuestro territorio siendo conscientes de los riesgos existentes y tomando medidas para su control, así como prever las consecuencias a mediano y largo plazo de nuestras intervenciones sobre el entorno y de los nuevos riesgos que éstas pueden generar.

Los Atlas de Riesgos, el ordenamiento territorial y la planeación urbana se convierten en herramientas vitales para ello.  Respetar los usos de suelo y vigilar que los reglamentos de construcción se cumplan a cabalidad es la acción preventiva más efectiva para reducir la posibilidad de pérdidas o daños, y sobre todo salvar vidas.

En cuanto a los riesgos ya existentes debemos trabajar para reducirlos, identificando aquellas condiciones que nos hacen susceptibles a sufrir daños o pérdidas.

¿Cómo?
·         Reforzando las construcciones para reducir la posibilidad de daños estructurales o colapso de las edificaciones.
·         Asegurándonos de que las instalaciones de gas y eléctricas son adecuadas y se encuentran en buen estado.
·         Colocando objetos grandes y pesados en anaqueles o lugares bajos.
·         Fijando a la pared cuadros, espejos, roperos, armarios, libreros y estantes.
·         Evitar colocar objetos pesados en la parte superior de éstos.
·         Asegurar firmemente al techo las lámparas u otros objetos colgantes.
·         Acciones similares deben desarrollar las autoridades para reducir riesgos en sus instalaciones y en lugares públicos.
·         Etc.

Una vez que hemos trabajado en reducir los riesgos, debemos prepararnos para posibles emergencias.
·         Diseñar planes y programas internos de Protección Civil que sean efectivos, así como efectuar regularmente simulacros, capacitar al personal, contar con señalizaciones.
·         Localizar lugares seguros en nuestra casa o lugar de trabajo.
·         Identificara los lugares peligrosos en viviendas para alejarse de ellos, tales como ventanas donde los vidrios podrían estrellarse, libreros u otros muebles que puedan caer.
·         Saber cómo reaccionar cuando la alerta sísmica suene.
·         Elaborar un plan familiar de protección civil.
·         Los programas internos de protección civil deben mantener su esencia que es identificar y analizar riesgos, reducirlos y prepararnos para las emergencias. No deber ser un obstáculo y una serie de requisitos administrativos.
·         Etc.

Cuando ocurra una emergencia, debemos responder de una manera adecuada y coordinada. Poner en práctica aquellos planes de contingencias y protocolos de actuación, previamente elaborados.  Durante esta etapa, también pueden salvarse vidas.

Posteriormente viene la etapa de recuperación y reconstrucción.  En donde también existen diversas actividades coordinadas entre sociedad y gobierno, buscando siempre crear mejores condiciones, previas a la emergencia.

En todo este proceso, un aspecto muy importante es la corresponsabilidad que se entabla con la sociedad en general en un tema muy sensible.

Nuestra responsabilidad implica no sólo enseñar a la población lo que tiene que hacer cuando ocurre un desastre, sino también emprender un proceso de sensibilización para que las personas sean capaces de evaluar correctamente los riesgos que las amenazan y que las y los mexicanos podamos vivir mejor.

Enmarcar estas acciones en la gestión del riesgo y hacer énfasis en la participación ciudadana.

Retomando las palabras de Don Fernando Gómez Mont:
“Cuando la ciudadanía trabaja y comparte del valor de su trabajo, aporta a la construcción de los recursos públicos, a mecanismos para fortalecer las capacidades de defensa, promoción y protección a que está obligado el gobierno frente a su comunidad.

El Sistema Nacional de Protección Civil, que surge y se consolida a partir de la tragedia de 1985, es una política profundamente democrática y en ello radica buena parte de su belleza.
En ella el gobierno asume la responsabilidad de ejercer el liderazgo con honradez, con honestidad y con eficiencia; en ella la sociedad multiplica las acciones a realizar de manera organizada, ordenada, confiable y visible.”

Amigos, en este próximo aniversario luctuoso del mayor desastre en nuestro país en la historia reciente, es momento de reflexionar y redoblar los esfuerzos, con voluntad y decisión, para retomar lo bueno que se ha realizado, pero avanzar en una auténtica cultura de la protección civil.

Tenemos la obligación moral de modificar nuestra manera de pensar, centrarnos en la gestión del riesgo y no exclusivamente en el desastre.

Los invito a que sumemos esfuerzos, cada uno de nosotros en lo que nos corresponde. Fortalezcamos de una manera transversal la gestión del riesgo de desastres.

1 comentario:

  1. Por supuesto que a partir de estos eventos nació un nuevo México en todos los aspectos.Respecto a si somos mejores, mi percepción es que lo más importante es nuestra capacidad para responder y ésta es una montaña rusa, en la cual ahora nos encontramos en lo más profundo.

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